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Clase social

                   

Clase social es una forma de estratificación social en la cual un grupo de individuos comparten una característica común que los vincula socioeconómicamente, sea por su función productiva o "social", poder adquisitivo o "económico" o por la posición dentro de la burocracia en una organización destinada a tales fines. Estos vínculos pueden generar o ser generados por intereses u objetivos que se consideren comunes y que refuercen la solidaridad interpersonal. La formación de un sistema de clases depende del hecho de que sus funciones sociales sean, independientemente de la existencia de una vinculación orgánica, mutuamente dependientes a un marco social mayor.

La sociedad de clases constituye una división jerárquica basada principalmente en las diferencias de ingresos, riquezas y acceso a los recursos materiales. Aunque las clases no son grupos cerrados y un individuo puede moverse de una clase a otra.[1] Este sistema está muy relacionado con el sistema productivo y es el típico sistema de estratificación de las sociedades de Europa en los siglos XVII y XIX, así como de otras sociedades no igualitarias en que no existe igualdad de acceso a los recursos.

Contenido

  Características generales

La adscripción a determinada clase de un individuo se determina básicamente por criterios económicos, a diferencia de lo que sucede en otros tipos de estratificación social, basados en castas y estamentos, donde el criterio básico de adscripción en principio no es económico (aunque la adscripción a un determinado grupo pueda conllevar secundariamente condicionantes económicos).

  1. Generalmente, para el conjunto de individuos que configura una clase existen unos intereses comunes, o una estrategia social maximizadora de su poder político y bienestar social. En ciertos casos, un cierto número de individuos se desentiende de los intereses de su clase social.
  2. Las condiciones económicas que conllevan la adscripción a una u otra clase generalmente están determinadas por el nacimiento y herencia familiar. Así en la mayoría de las sociedades los hijos de las clases desfavorecidas a lo largo de su vida seguirán formando parte de las clases desfavorecidas, y los hijos de las clases más acomodadas tienen mayor probabilidad de ser parte durante el resto de su vida de la clase acomodada.[2]

El conjunto de las clases sociales y sus relaciones, forman un sistema de clases que es típico de las sociedades industriales modernas. En este tipo de sociedad se reconoce una mayor movilidad social que en otros sistemas de estratificación social. Es decir, todos los individuos tienen la posibilidad de escalar o ascender en su posición social por su mérito u otro factor. La consecuencia es la ruptura con las organizaciones estamentarias donde cada persona está ubicada según la tradición en un estrato específico, normalmente para toda la vida.

Sin embargo, pese a estas posibilidades de ascenso, el sistema de clases no cuestiona la desigualdad en sí misma, sobre todo en países del tercer mundo donde existen combinaciones de clases y estamentos, develando un ethos colonial. La clase social a la que pertenece un individuo determina sus oportunidades, y se define por aspectos que no se limitan a la situación económica. También incluyen las maneras de comportarse, los gustos, el lenguaje, las opiniones... Incluso las creencias éticas y religiosas suelen corresponderse con las de un estatus social o (posición social).

Un sistema de clases es por tanto, una jerarquización colectiva, donde el criterio de pertenencia lo determina la relación del individuo con la actividad económica, y principalmente, su lugar respecto de los medios de producción y dicha condición puede estar estrechamente correlacionada con la herencia familiar..

  Clase social en Marx

Para Karl Marx las clases sociales pueden entenderse de dos formas, sea como: 1) grupos de individuos que se definen por una misma categorización de sus formas de relacionarse con los medios materiales de producción (particularmente la forma de obtención de sus rentas), o 2) una conciencia de clase entendida como la creencia en una comunidad de intereses entre un tipo específico de relaciones socioeconómicas. La doctrina marxista intenta descubrir la objetividad de la existencia de las clases (clasificaciones) socialmente relevantes a través de la formación de intereses subjetivos yuxtapuestos y en contraposición a otros grupos de intereses comprendidos en forma similar.[3] Las clases sociales aparecen entonces como dualidades antagónicas en un contexto histórico de conflicto cuyo eje central es el materialismo histórico. De ese enfrentamiento mediado por la historia surge la lucha de clases que es la manifestación misma del conflicto de los intereses económicos de los individuos.

Marx destacó que, a diferencia de todas las anteriores sociedades de la historia de Occidente con múltiples grupos de clases antagónicas, en la moderna sociedad capitalista la repartición desigual del capital se simplifica en la formación de dos grandes clases caracterizadas por esta "distribución": el proletariado y la burguesía. Esta última por su función social originaria dispondría del capital físicamente, esto es: económicamente, y por ende de los medios de producción. Le sería propio a esta clase el modo de producción denominado capitalismo y su apoyo teórico, el liberalismo, comprendido como su epifenómeno ideológico. El marxismo, en tanto teoría y explicación causal de la realidad, ha llegado a autointerpretarse como la ideología de la clase proletaria, pero esto llevó a una paradoja de autorreferencia por la cual la misma noción marxiana de clase y de "ideología de clase" se vuelve la reificación de esta clase particular, noción que es a su vez parte de la doctrina y cuyo criterio de verificación (el éxito en el proceso histórico) se vuelve inverificable. Otras corrientes marxistas han entendido su pensamiento sociológico como un criterio objetivo y universal de análisis de la realidad testeado por su carácter progresista, o bien en términos políticos como un programa filosófico de acción revolucionaria.

En el marxismo, el proletariado, como clase oprimida capaz de superar a la burguesía, debía de unirse contra ésta para romper con su explotación. Siendo su negación dialéctica y sin haber generado dentro de sí nuevas clases opresoras u oprimidas, se volvería el instrumento de la negación de la sociedad con clases. La condición de su transformación en clase política era la superación de sus diferencias geográficas y culturales ("¡Proletarios de todos los países, uníos!" había sentenciado en la última página del Manifiesto Comunista) y el descubrimiento de su conciencia de clase para así superar la alienación. Lograr superar su condición como grupo explotado llevaría a dos etapas finales en la evolución histórica de las formas de producción occidentales (a diferencia del históricamente invariado modo de producción asiático). Las etapas primera y final del comunismo como modo de producción son diferenciadas por el marxismo doctrinario,[4] de manera similar a la categorización de Durkheim,[5] como dos organizaciones sociales diferentes más que como una transición permanente:

  • Socialismo: Persistencia de las clases sociales no poseedoras y representación política de su consciencia mediante un partido político. Propiedad pública de la producción provisionalmente traspasada al Estado. Distribución por función.
  • Comunismo: Abolición de la división del trabajo y el dinero. Colectivización total de la sociedad civil. Disolución de cualquier forma de clase y absorción de las funciones colectivas del Estado. Distribución por necesidad.

A pesar de la importancia del concepto de clase para el movimiento político marxista, muchos autores destacan como sorprendente que el propio Marx nunca diera una definición precisa de clase en ninguno de sus escritos, a pesar de describir muchas de sus características.[6] Éstos, a partir de ciertas menciones en parágrafos clave creen posible deducir, en forma alternativa al marxismo clásico, la noción que el autor habría tenido en mente: entre otras, que la posición social de un individuo no estaría simplemente determinada por el tipo de fuente de ingreso y por tanto las clases sociales serían más bien entidades de tipo social y no meramente económicas. Se recalca también el hecho de que éste haya distinguido claramente, a la manera hegeliana, entre clase social objetiva (Klasse an sich 'clase en sí') y clase social subjetiva (Klasse für sich 'clase para sí'), y que, aunque su análisis primigenio era dicotómico, sus escritos posteriores consideran el desarrollo de estratos intermedios no explicables dentro de una relación binaria opresor-oprimido. Citan la abrupta interrupción del manuscrito del tercer volumen de El Capital, en el momento en que está respondiendo a la pregunta ontológica «¿qué constituye una clase?»; en el mismo la clase no aparece como rígidamente ligada al origen del ingreso o la posición en la división del trabajo:

La próxima pregunta a responder es ésta: ¿qué forma una clase?, y por ciento que esto se desprende de suyo de la respuesta a la otra pregunta: ¿qué hace que trabajadores asalariados, capitalistas y terratenientes formen las tres grandes clases sociales? A primera vista, la identidad de los réditos y de las fuentes de rédito. Son tres grandes grupos sociales, cuyos componentes, los individuos que las forman, viven respectivamente de salario, ganancia y renta de la tierra, de la valorización de su fuerza de trabajo, su capital y su propiedad de la tierra. Pero desde este punto de vista médicos y funcionarios, por ejemplo, también formarían dos clases, pues pertenecen a dos grupos sociales diferentes, en los cuales los réditos de los miembros de cada uno de ambos fluyen de la misma fuente. Lo mismo valdría para la infinita fragmentación de los intereses y posiciones en que la división del trabajo social desdobla a los obreros como a los capitalistas y terratenientes; a los últimos, por ejemplo, en viticultores, agricultores, dueños de bosques, poseedores de minas y poseedores de pesquerías. [Aquí se interrumpe el manuscrito.][7]

  La aproximación marxista-leninista a una definición de clase

Para el marxismo posterior, las clases sociales van asociadas a la existencia de contradicciones y la lucha de clases: éstas no existen primero, como tales, para entrar después en la lucha de clases, lo que haría suponer que existen clases sin lucha de clases. Las clases sociales cubren como prácticas de clase permanentes también la lucha de clases, y no se dan sino en su oposición.[8] Lenin esbozó en forma más precisa y completa una definición marxista de clase social, intentando explicar el presupuesto original de oposición entre clases pero sin insistir acerca de su número ni de su carácter de polarización dual:

Las clases son grandes grupos de hombres que se diferencian entre sí por:

  1. El lugar que ocupan en un sistema de producción históricamente determinado
  2. Por las relaciones en que establecen con respecto a los medios de producción (relaciones que las leyes fijan y reproducen)
  3. Por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo
  4. Por el modo y la proporción en que perciben la parte de la riqueza social que se produce de acuerdo a este papel
Uno de los aspectos fundamentales del concepto marxista de las clases sería que éstas no existen aisladas, sino como parte de un sistema de clases. Las clases sociales sólo existen unas en relación con otras. Lo que define y distingue a las diversas clases son las relaciones específicas que se establecen entre ellas. Una clase social sólo puede existir en función de otra. Las relaciones entre las distintas clases pueden ser de diversa índole, pero entre ellas destacan las que podemos considerar como relaciones fundamentales o estructurales. Éstas están determinadas por los intereses objetivos que tienen las clases, como resultado de las posiciones específicas que ocupan en el proceso productivo, como resultado de la situación específica que tiene cada una de ellas con respecto a los medios de producción. Estas posiciones diferenciales, que según Lenin permite que una clase social se apropie el trabajo de otra, determinan que los intereses objetivos de las clases no sólo sean distintos sino contrarios y opuestos. Si bien el triunfo de la acción política marxista no probó la tesis del materialismo histórico sobre la validez de la propia doctrina, y la estrategia leninista se materializó sin cumplir las expectativas que se tenían de ella, su dialéctica provocó un giro total en la política y la historia moderna. La específica aplicabilidad de la teoría de Marx al orden capitalista se explicaría, según el marxista Karl Reitter, en los siguientes términos:

El resultado de la relación de clases es acumulable a voluntad en forma monetaria y susceptible además de ser reutilizado en otro momento y otro lugar al objeto de reproducirse otra vez. Todas las demás relaciones son diferentes: ninguna de ellas muestra esa particularidad. El hecho de que esa particularidad pudiera desarrollarse históricamente se explica por el despliegue de lo socioeconómico en tanto que esfera intratable. De nuevo, la descomposición del feudalismo, la separación de la esfera del Estado político respecto a la sociedad permitió tematizar la economía como una relación social. En sentido estricto, sólo puede hablarse de economía dentro del modo de producción capitalista. Tal y como Polanyi ha puesto de manifiesto, en las sociedades precapitalistas lo económico se presenta estructural e inextricablemente vinculado a referencias políticas, morales, señoriales y culturales. Por ejemplo, un análisis de la dinámica económica en su forma pura, tal y como el que Marx llevó a cabo en el caso del modo de producción capitalista, no es posible en absoluto para una economía de la antigüedad. Así, pues, hay motivos para pensar que los conceptos de clase y de modo de producción sólo pueden aplicarse en sentido categórico al capitalismo.[9]

Las transformaciones sociales al iniciar el siglo XX llevaron a que aparecieran nuevos aportes, entre ellos los que fueron realizados por Weber y Durkheim.

  Clase social en Weber

Max Weber contribuyó a atender la complejización social de occidente en el siglo XX (aparición de capas medias, burocracia, etc) y comprender desde una lógica de la acción social y la racionalidad. Es un error ver a Weber como el verdugo de Marx (como la sociología funcionalista lo hizo creer desde Talcott Parsons) aún siendo éste liberal y cercano al mundo religioso. La distancia está más bien en el enfoque más reduccionista dado al marco teórico de Marx (primacía del factor material económico-tecnológico para explicar el capitalismo y otras formas socioeconómicas como necesidades históricas evolutivas) algo que Weber trata de refutar a través de su tesis sobre la ética protestante y principalmente mediante su comprensión de la acción social:

La sociología interpretativa o comprensiva considera al individuo y su acción como su unidad básica. Como su átomo, si puedo permitirme emplear excepcionalmente esta discutible comparación (...) en consecuencia la teoría de la sociología consiste en reducir estos conceptos a «acciones comprensibles», es decir, sin excepción, aplicables a las acciones de hombres individuales participantes.

Con su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo presentaría la tesis pluricausal según la cual si bien puede existir una evolución propia para la sociedad (Comte), el pensamiento (Hegel) y la tecnología (Marx), ninguna es infraestructura determinante para la otra, así como también cada una de estas puede describir en el camino de su desarrollo trayectos diferentes tanto por sí misma como por influencia de las otras. Weber descubrió cómo la actitud de austeridad y negación del ocio (negocio) en función del lucro del capital que sistematizara Benjamin Franklin se generalizó sólo como derivado del ascetismo intramundano propio de las principales variantes de la ética calvinista, y cómo ésta fue condición necesaria (aunque no suficiente) de existencia de la modernidad burguesa en Occidente:

El hecho que exige explicación histórica es este: en el centro más altamente capitalista de su época, la Florencia de los siglos XIV y XV, mercado de dinero y capital de todos los grandes poderes políticos, esta actitud era considerada éticamente injustificable o, cuanto más, tolerable; mientras que en el siglo XVIII, en las lejanas poblaciones pequeñoburguesas de Pensilvania, donde los negocios amenazaban reducirse al trueque por mera falta de dinero, donde apenas había signos de una gran empresa, donde solo se esbozaban los comienzos de un régimen bancario, se veía en ella la esencia de la conducta moral, impuesta incluso en nombre del deber. Hablar aquí de un reflejo de las condiciones materiales en la superestructura ideal sería flagrante tontería. ¿Qué constelación de ideas explicaría el tipo de actividad dirigida en apariencia hacia el puro lucro, como una vocación por la cual el individuo se sintiera éticamente obligado? Pues ésta fue la idea que dio justificación y fundamento ético a la modalidad del nuevo empresario.[10]

Respecto a la teoría de la acción social, el individualismo metodológico weberiano[11] contrasta con el colectivismo metodológico (aunque no ontológico) de la visión marxista de la sociedad como una suma dialéctica de "relaciones" socioeconómicas similares que conforman dualidades de clases contrapuestas y que conforman la vida individual, así como se opone al colectivismo metodológico y ontológico durkheimiano en el cual la sociedad en tanto organización tiene existencia autónoma como una totalidad orgánica social-moral en proceso interno de transformación:

Tratar conceptualmente la "clase" como si tuviera el mismo valor que la "comunidad" conduce a una distorsión. Hay un hecho importante, y después de todo, bastante simple, que ayuda a comprender los acontecimientos históricos: los hombres colocados en la misma situación de clase reaccionan por lo común con actos masivos ante situaciones tan tangibles como las económicas, en dirección de los intereses más adecuados para su número. Por sobre todo, este hecho no debe estimular ese manejo pseudocientífico de los conceptos de "clase" e "intereses de clase" tan común en estos tiempos, y que ha encontrado su expresión clásica en la afirmación de un autor de talento, según el cual el individuo puede equivocarse respecto de sus intereses, pero la "clase" es "infalible" en lo que atañe a los suyos.[12]

Weber distingue entre clases sociales, grupos de estatus y partidos políticos, estratos distintos que corresponden respectivamente a los órdenes económico, social y político.

  • Las clases sociales se definen por la relación económicamente determinable entre sus miembros y el mercado. Éstas son sólo una de las formas de la estratificación social, atendiendo a las condiciones de vida material, y no constituyen un grupo consciente de su propia unidad más allá de ciertas condiciones sin necesaria comunidad de intereses.
  • Los grupos de estatus se distinguen por su modo de consumo y por sus prácticas sociales diferenciadas que dependen a la vez de elementos objetivos (los que después Pierre Bourdieu llamaría capital social) y de otros puramente subjetivos como la reputación (el honor, el prestigio, etc.)
  • Los partidos políticos pueden acceder al poder estatal y alterar con mandatos concretos las reglas abstractas de la sociedad, utilizando su influencia para obtener beneficios ideales o materiales para sus miembros, los cuales unifican en forma institucional intereses y estatus sociales comunes preexistentes al Estado o generados desde él.

El contexto histórico presenta la llegada de una clase media ya fortalecida tras la experiencia del fordismo y que se sumaría como un actor de peso entre el proletariado y la burguesía, aunque con la salvedad de ser un estado de tránsito permanente. La complejización de este proceso, traspasó su carga teórica a la sociología contemporánea (desde mediados de los años setenta) la que se hizo cargo de este problema en un contexto de crisis de la sociedad moderna-industrial tal como se había conocido históricamente.

  La visión weberiana de la lucha de clases

A diferencia del enfoque basado en la mera relación entre propiedad y forma de ingreso, el pensamiento sociológico weberiano resalta el poder de disposición sobre bienes y servicios, así como en los modos en que esa disposición se aplica a la obtención de rentas e ingresos, por lo cual utiliza la posición económica en el intercambio combinada con la posición social en la producción,[13] completando así la demarcación de clase que Marx no había podido terminar apelando sólo al último criterio.[14]

Dentro de la definición de clase social en sentido amplio, Weber distingue entre diferentes criterios de clasificación por los cuales existen múltiples tipos de clases que se yuxtaponen entre sí en un mismo individuo:

  • clases "propietarias" (se definen por la probabilidad de proveerse de bienes, obtener una posición externa a su fuente de ingresos y un destino personal)
  • clases "lucrativas" (demarcadas por el valor que adquieren en el mercado los bienes y servicios que proveen)
  • clases "sociales" en sentido estricto (reúnen los rasgos anteriores pero por su ocurrencia típica a lo largo de las generaciones es la más parecida a un "estamento")

Como se advierte, la clasificación reserva el calificativo de “social” para aquellos grupos que ocupan un lugar en la escala que no varía con el tiempo o cuyas alteraciones son mínimas. Ello supone que la propiedad es de por sí mudable pues su conservación no está asegurada para siempre. A su vez, se puede formar parte de la clase lucrativa, pero a condición de que los bienes y servicios mantengan su valor en el mercado; de lo contrario, la pertenencia a ese colectivo se suspende. Sin embargo, el proletariado (especialmente el de la industria mecanizada), la pequeña burguesía y la intelligentsia sin propiedad, constituyen clases sociales en el sentido específico del término, dado que sus intereses tienden a homogeneizarse. No obstante, de ello no deriva la lucha de clases: a juicio de Weber, la historia demuestra que quienes poseen propiedad pueden muy bien aliarse con los sectores menos privilegiados. La contradicción de clases tiende a efectivizarse cuando la propiedad se enfrenta al desclasamiento, cuando las acreencias se oponen a las deudas, situaciones que pueden conducir a verdaderas luchas revolucionarias.

Sin embargo estos conflictos y pugnas, por su misma naturaleza, no reflejan una contrariedad cualitativa e intrínseca entre clases sociales que, como en el marxismo, las deba definir por "contraposición"; por tanto no necesitan resolverse mediante la transformación del sistema económico o del orden social, sino mediante cambios en el acceso a un tipo de propiedad o a una diferente distribución de la misma:

La distinción entre clases propietarias y lucrativas se basa en la fusión de dos criterios: el tipo de propiedad que se emplea como medio de pago, y la clase de servicios que pueden ofrecerse en el mercado. Su utilización conjunta bosqueja una concepción pluralista de las clases en la cual la propiedad que rinde beneficios en el mercado es altamente variable, además de producir y reproducir numerosos y diversos intereses dentro de la clase dominante. Otro tanto sucede con los carentes de propiedad, porque las calificaciones negociables que poseen pueden muy bien dar lugar a intereses contrapuestos.[15]

  El énfasis en las categorías de la sociología clásica

Respecto a la cuestión del poder, Weber implica en gran parte un acercamiento mayor a Tocqueville que a Marx (salvo en sus estudios sobre el bonapartismo), ya que resalta que el poder, no importa si se somete a alguien más, siempre reside en última instancia en los grupos políticos.[16] La diferenciación entre tipos de grupos sociales relevantes incluye a fenómenos no necesariamente incluidos en el poder político y remite al posterior intento de Ferdinand Tönnies de regresar a distinciones más realistas y clásicas entre "clase" (en la cual la pertenencia se descubre a posteriori en una situación de tipo económica) y "estamento" (en el cual la pertenencia es condición a priori, independiente del rol económico, en base a una categoría cultural de la comunidad que la acepta); por esto las primeras son un fenómeno societario y mercantil propio de la modernidad, y las últimas un fenómeno comunitario tradicional y religioso.[17] Como fenómeno social, los estamentos tuvieron mayor relevancia que las clases sociales en el comunitario Occidente medieval, en gran parte gracias a sus hibridados criterios de pertenencia familiar: los hereditarios feudales y de auto-elección clericales. Los estamentos son a su vez distinguidos de las "castas",[18] fenómeno propio de ciertos países de oriente, como el caso hindú, cuyas etnias endogámicas se vuelven formaciones sociales superpuestas pero que, sin embargo, casi no tienen abierta relación entre sí ni con el resto de la sociedad, cuya unidad se preserva mediante sistemas económicos asiáticos, pseudo-feudales, y centralizados,[19] un fenómeno que Marx había objetivado como "modo de producción asiático". La distinción entre clase, casta y estamento es, por tanto, clave en Weber:

Aun cuando en determinadas situaciones Weber utiliza el modelo dicotómico, su análisis procede mediante la diferenciación entre clases, estamentos y partidos, recurso que utiliza para destacar el proceso de división del poder en la comunidad. La distribución a la que alude considera no sólo el poder económico sino también el que ambiciona prestigio y honor social y el que lucha por la obtención de poder político. En virtud de los intereses de mercado, la clase existe objetivamente aunque los individuos no sean concientes de ello: es una “clase en sí” que no funda directa e inmediatamente lazos ni conciencia. Los estamentos, en cambio, agrupan a las personas en términos de la posesión –o de la pretensión de poseerlos– de privilegios positivos o negativos en la consideración social. La tenencia de dinero o la condición de empresario no constituyen calificaciones estamentales, pese a que pueden provocarlas. Inversamente, su carencia tampoco es una descalificación estamental, pese a que puede producirla. En síntesis, la sociedad estamental se rige por convenciones ligadas al estilo de vida y al consumo, mientras la sociedad clasista florece sobre la economía de mercado. Así como los estamentos crean comunidades subjetivas en las que los individuos se reconocen por cuanto forman círculos que tienden al aislamiento, así las clases instituyen sociedades cuya objetividad trasciende a las personas individuales y se organizan según las relaciones de producción y de adquisición. Las clases no son comunidades o clases “para sí”, pero constituyen bases posibles y frecuentes de una acción comunitaria.[20]

  Clase social en la sociología contemporánea

La nueva complejización de la sociedad desde fines del siglo XX hasta el siglo XXI fue provocando encuentros entre las posturas actualizadas de Weber y Marx (neoweberianos y neomarxistas) aunque, por otro lado, continuaba la producción teórica más ortodoxa del marxismo y la funcionalista contemporánea (que se asocia técnicamente a la justificación del neoliberalismo), cuya figura de mayor peso sería Niklas Luhmann, quien basó su revisión de la teoría de sistemas en las tesis del biólogo chileno Humberto Maturana (autopoiesis) que encuentra justificación casi matemática en la sociedad contemporánea a diferencia del resto de las teorías sociales.

Convergen neomarxistas y neoweberianos en la complejización contemporánea de las clases sociales, y en la constatación de hechos como la desigualdad social creciente[21] [22] [23] [24] [25] y el caos teórico producido en la transformación del trabajo. Entre los teóricos destacados del análisis de clase contemporáneo están Goldthorpe, Erik Olin Wright, Erikson y Ralf Dahrendorf.

  Véase también

  Referencias

  Notas

  1. Alejandra Padilla Juárez; Introducción a la Sociología, la Economía y las Ciencias Políticas, p. 16
  2. Erikson, R. & Goldthorpe, J., 1993.
  3. Robert Nisbet, La formación del pensamiento sociológico, Tomo II, Amorrortu, 2003, pp. 45-47
  4. "Primera fase de la sociedad comunista" y "La fase superior de la sociedad comunista", V. I. Lenin, El Estado y la revolución, Siglo Veintidós, 2000, cap. V, § 3 y 4, pp. 79-88
  5. "Socialismo y comunismo", Émile Durkheim, El socialismo, Akal, 1987, cap. II, 2° lección (cont.), pp. 48-50
  6. Jim Johnston y David P. Dolowitz (1999): "Marxism and Social Class" in Marxism and Social Science, p. 134, ISBN 0-333-65596-6.
  7. "Classes", Karl Marx (ed. Friedrich Engels), Capital: A Critique of Political Economy, Institute of Marxism-Leninism (USSR), 1959 (1863-1883), volume III, part 7, chapter 52; extraído de la traducción al español en Marxists.org: "Las clases"
  8. Nicos Poulantzas: Las clases sociales en el capitalismo actual, Siglo XXI editores
  9. "La crítica como superación del quijotismo. El desarrollo de la crítica en Marx", Karl Reitter, eipcp.net
  10. "The Spirit of Capitalism", Max Weber, The Protestant Ethic and the Spirit of Capitalism, Charles Scribner's Sons, 1930, Chapter II, pp. 74-75
  11. "Individualismo", Nigel Ashford y Stephen Davies (dir.), Diccionario del pensamiento liberal y conservador, Nueva Visión, 1992, p. 158
  12. "Types of 'Class Struggle'", Max Weber, Essays in Sociology, Oxford University Press, 1946, Chapter VII, § 4, pp. 184-185
  13. "Casta, estamento y clase social", Juan Ferrando Badía, Revista de Estudios Políticos 1941-2004, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales de España, 2005, pp. 37-38
  14. "Weber: racionalidad y dominación", Juan Carlos Portantiero, La sociología clásica: Durkheim y Weber, Editores de América Latina, 2004, p. 32
  15. "La visión weberiana del conflicto social", Perla Aronson, Conflicto Social, Año 1, N° 0, Noviembre 2008, pp. 114-115
  16. Robert Nisbet, La formación del pensamiento sociológico, Tomo II, Amorrortu, 2003, pp. 50-60
  17. "Estamentos y clases", Max Weber, Economía y sociedad, Fondo de Cultura Económica, 1964, Parte 1, cap. IV, pp. 242-246
  18. "División del poder en la comunidad: clases, estamentos, partidos", Max Weber, Economía y sociedad, Fondo de Cultura Económica, 1964, Parte 2, cap. VIII, § 6, p. 689
  19. Reinhard Bendix, Max Weber, Amorrortu, 2000, p. 349
  20. "La visión weberiana del conflicto social", Perla Aronson, Conflicto Social, Año 1, N° 0, Noviembre 2008, pp. 115-116
  21. "Informe sobre la situación social en el mundo", Organización de las Naciones Unidas (ONU), New York, 2005
  22. "Informe sobre la situación social en el mundo 2005: el dilema de la desigualdad", Comisión Nacional de los Derechos Humanos de México (CNDH), 2005
  23. "Desigualdad social. Brecha económica: cada vez mayor", Instituto del Tercer Mundo
  24. Alicia Ziccardi, Pobreza, desigualdad social y ciudadanía. Los límites de las políticas sociales en América Latina, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO, Buenos Aires, 2001 (ISBN: 950-9231-57-6)
  25. M. Thwaites Rey, Estado y marxismo: un siglo y medio de debates, p. 271

  Bibliografía recomendada

  • Bendix, Reinhard & Lipset, Seymour Martin. Class, Status and Power. A Reader in Social Stratification. Illinois: The Free Press. 1953.
  • Bourdieu, Pierre. La distinción. Madrid: Taurus. 1984.
  • Crompton, Rosemary. Clase y Estratificación. Una introducción a los debates actuales. Madrid: Tecnos. 1994.
  • Goldthorpe, J. et. al. Social Mobility and Class Structure in Modern Britain. Second Edition. Oxford: Clarendon Press. 1987.
  • Erikson, R. & Goldthorpe, J. The Constant Flux: A Study of Class Mobility in Industrial Societies. Oxford: Clarendon Press. 1993.
  • Marx, Karl. Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse), I-III. Siglo XXI.
  • Marx, Karl. Las luchas de clases en Francia. Buenos Aires: Claridad. (1850) 2007
  • Marx, Karl & Engels, Friedrich. Manifiesto del Partido Comunista. Moscú: Editorial de Literatura Política del Estado. (1848) 1955.
  • Marx, Karl. Manuscritos económico-filosóficos. Buenos Aires: Colihue.
  • Parsons, Talcott. El sistema social. Madrid: Alianza Editorial.
  • Weber, Max. Economía y sociedad. Esbozo de sociología comprensiva. México: Fondo de Cultura Económica. (1922) 1964.
  • Weber, Max. Ensayos de sociología contemporánea. Barcelona: Ediciones Martínez Roca. (1946) 1972.
  • Weber, Max. Historia económica general. México: Fondo de Cultura Económica. (1923, 1924) 1942.
  • Weber, Max. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Madrid: Alianza Editorial. 2001.
  • Wright, Erik Olin. Clase, crisis y estado. Madrid: Siglo XXI de España. 1983.
  • Wright, Erik Olin. "Reflexionando, una vez más, sobre el concepto de estructura de clases". Revista Zona Abierta, Nº 59-60. Madrid. 1992.

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