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definición - Inculturación

definición de Inculturación (Wikipedia)

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Inculturación

                   

Contenido

  La Inculturación de la fe

  Contenido

  • La Inculturación de la fe
  • El uso del término inculturación en los documentos de la Iglesia Católica
  • La terminología empleada en ese tiempo
  • Hacia una definición de la Inculturación
  • Juan Pablo II
  • Otras definiciones
  • Características de la Inculturación

  1. El uso del término Inculturación en los documentos de la Iglesia Católica

Se expone, de modo cronológico, cómo se va introduciendo el concepto inculturación y su significado teológico en el Magisterio de la Iglesia Católica. Es obvio que el tema no es nuevo en la Iglesia y en la evangelización. Para ilustrarlo puede bastar un ejemplo, de particular valor, se trata del texto de un documento de la Congregación para la Propagación de la Fe, del año 1659: “No pongáis ningún empeño ni aduzcáis ningún argumento para convencer a esos pueblos de que cambien sus ritos, sus formas de vivir y sus costumbres, a no ser que sean evidentemente contrarias a la religión y a la moral. ¿Hay algo más absurdo que querer importar Francia, España, Italia o a cualquier otro país de Europa a China? No les llevéis nuestros países, sino la fe, esa fe que no rechaza ni hiere los ritos ni los usos de ningún pueblo, con tal que no sean detestables, sino que quiere por el contrario que se les guarde y se les proteja”[1] .

Si bien es cierto que al hablar de cultura y de inculturación habría que remontarse necesariamente a los mismos orígenes de la humanidad y especialmente -en el campo de la evangelización- a los primeros siglos del cristianismo, donde se tienen las primeras experiencias en este ámbito, se limita esta exposición a los textos del magisterio católico desde el Concilio Vaticano II hasta los documentos de Juan Pablo II en los que se asienta definitivamente el uso del término inculturación.


  1.1 La terminología empleada en ese tiempo

Parece necesario, detenerse en una breve panorámica sobre cómo el planteamiento de la relación entre la fe y las culturas ha pasado por una especie de estaciones en su historia, que podríamos resumir así[2] :

  • diálogo
  • asimilación, acomodación, adaptación (años 1950-1970)
  • encarnación
  • contextualización
  • africanización
  • indigenización
  • localización
  • aculturación
  • enculturación

Casi todos ellos intentaban expresar únicamente una adaptación externa del mensaje cristiano a las nuevas circunstancias, a excepción de los de indigenización y contextualización, que muchos llegan a usar como término intercambiables con el de inculturación[3] .

La palabra diálogo, aplicada a la relación entre fe y cultura, trata de explicar que los portadores de la fe o del Evangelio intentan hacerse entender, mediante el diálogo, con miembros de ambientes culturales ajenos. Aunque el diálogo es necesario en este trabajo evangelizador, este término no da ninguna indicación sobre lo que se intenta para llegar a la mutua inteligencia o comprensión del mensaje.

Con la palabra asimilación se quería significar la simple adopción de la fe ya inculturada en los países de procedencia de los evangelizadores; el misionero llevaba consigo mismo, inevitablemente, el modelo de iglesia que era vivido en el lugar de proveniencia.

Acomodación o adaptación se usaban para designar cómo habrían de proceder los evangelizadores en el diálogo: deberían atenerse a las actitudes de los destinatarios, buscar modos de proceder y de presentar que no suscitaran rechazo; se podían adoptar ciertos elementos, símbolos y arte propios de la cultura evangelizada.

En algunos ambientes ecuménicos -especialmente en Ginebra y Laussane, como también en algunos ambientes católicos en Asia- se empleó la palabra contextualización[4] , para significar una postura más allá de la actitud dialogante o la adaptación, intentando fijarse no sólo en la persona individual con la cual se habla, sino sobre todo en que ella es una persona que actúa y piensa conforme a un determinado contexto sociocultural. La mayor crítica que se hace al uso de este término es que se da la impresión de que la palabra de Dios, antes de salir de Palestina, no tenía un contexto concreto en el cual estaba radicada, lo cual es negado por el amplio y cuidadoso estudio, que hace la exégesis bíblica, sobre la civilización de entonces.

Entre misioneros y especialistas en este campo se recurrió muchas veces al término indigenización para significar la asimilación y la reformulación o nueva expresión del mensaje evangélico en la cultura nativa. No se adoptó este término, porque los derivados de la palabra indígena -y la misma palabra- suelen tener un sentido peyorativo; y por otro lado carecería de sentido usarlo cuando el acercamiento a otra cultura se hace por cristianos de un país, dentro de su mismo país, a otras personas de su misma tierra o nación, aunque culturalmente distantes unos de otros.

Por su parte, el término aculturación se refiere, según la antropología, a los fenómenos que resultan del contacto entre dos culturas o dos grupos culturales (o entre una persona y una cultura que no es la suya): las influencias recíprocas, las apropiaciones, las imitaciones, las transformaciones, los sincretismos, el posible intercambio que puede darse de elementos propios de cada una, en mayor o menor grado, de la absorción de una por la otra, o de la síntesis de ambas, etc. Estos elementos son pocas veces tomados tal cual. Son asimilados y transformados por la cultura que los adopta y reaccionan a otros elementos de esta cultura. Además de las razones anotadas anteriormente, en este caso se corría el riesgo de terminar considerando el Evangelio como otra cultura.

El término enculturación es propio de la antropología cultural y muy probablemente se debe a Melville J. Herskovits, quien prefirió utilizar enculturación[5] y no inculturación por la probable confusión que se podría producir al utilizar el prefijo in-, que muchas veces significa negación, como es el caso de inculto, cuando realmente lo que se quería era expresar la idea de la preposición latina in. En la antropología cultural, enculturación significa precisamente el proceso mediante el cual el individuo humano, desde niño, llega a ser parte de su propio grupo cultural, es decir, el proceso mediante el cual en su existencia, una persona, o un grupo, absorbe, mecánicamente por participación o conscientemente por reflexión y aprendizaje crítico, la cultura de la sociedad a la cual pertenece.

Como se ve, ninguno de los términos –especialmente los dos últimos que se han utilizado con mayor frecuencia- corresponde a lo que teológicamente se quiere expresar: se sabe bien que la Iglesia, por su naturaleza y misión, no está limitada a una determinada cultura y, por otro lado, la evangelización no es un contacto con una cultura sino más bien una profunda inserción del Evangelio y de la Iglesia en una determinada cultura hasta llegar a formar parte de ella. Queda clara la insuficiencia de ambos términos para describir con propiedad la permanencia del mensaje transcultural de Cristo en las culturas. Hacía todavía falta un esfuerzo esclarecedor y encontrar un término que explicara bien lo que teológicamente se quería expresar. Finalmente, por todas estas razones, se adoptó el término de inculturación[6] .

En el año 1953, Pierre Charles afirma que el término inculturación se viene utilizando desde hace una veintena de años[7] . En 1959, R. P. Segura escribe un artículo mencionando este término[8] y, en 1962, J. Masson habla de catolicismo inculturado[9] . El término también es utilizado en una de las relaciones, presentadas en la reunión del año 1972, de la Comisión Teológica Internacional[10] . En el documento final de la primera asamblea de la Federación de Conferencias Episcopales del Asia (FABC), se habla de una Iglesia indígena e inculturada[11] .

Es muy posible que en el ambiente teológico de esos años la utilización del término inculturación tuviera un uso frecuente, pero no se llegó a utilizar de modo oficial en los documentos de la Iglesia.

Al parecer la primera vez que se utiliza el término inculturación de modo oficial, en un documento de la Iglesia, es en el número 5 del mensaje al Pueblo de Dios de este Sínodo de los Obispos: “Como indicó el Concilio Vaticano II y recordó Pablo VI en la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, el mensaje cristiano debe enraizarse en las culturas humanas asumiéndolas y transformándolas. En este sentido puede decirse que la catequesis es un instrumento de ‘inculturación’ es decir, que desarrolla y al mismo tiempo ilumina desde dentro las formas de vida de aquellos a quienes se dirige”[12] .

En uno de sus primeros mensajes, el Papa Juan Pablo II hace ver la necesidad, dirigiéndose a la organización católica internacional del cine, que los medios de comunicación ayuden en la inculturación del mensaje evangélico. Es la primera vez que el Pontífice, en un discurso como Papa, utilizaba este término: va en ello no sólo el anuncio primero de la fe y la catequesis para ahondar esta fe, en un mundo con frecuencia secularizado, sino también la inculturación del mensaje evangélico en cualquier pueblo y en cada tradición cultural[13] .

Pocos días después, Juan Pablo II decía a los miembros de la Pontificia Comisión Bíblica: “el término «aculturación» o «inculturación», además de ser un hermoso neologismo, expresa muy bien uno de los elementos del gran misterio de la Encarnación”[14] .

Hay que hacer notar que, en los sucesivos documentos magisteriales, Juan Pablo II no vuelve a utilizar más el término aculturación sino que utiliza únicamente el de inculturación. Como ya queda dicho, ante la definición de aculturación en la antropología, está claro que este término no es aconsejable para designar el proceso de encuentro entre la fe y las culturas. No se trata, en este caso, del contacto entre dos módulos culturales sino del encuentro del mensaje transcultural del Evangelio con una cultura, hasta llegar a formar parte de la misma.

En mayo de 1982, Juan Pablo II crea el Consejo Pontificio para la Cultura, con el propósito de dotar a la Iglesia de un instrumento que le permita cumplir más eficazmente su misión evangelizadora en el mundo de la cultura y profundizar precisamente en las relaciones entre fe y cultura: “Y, si la cultura es aquello a través de lo cual el hombre, en cuanto hombre, se hace más hombre, en ella se juega el mismo destino del hombre. De ahí la importancia que tiene para la Iglesia, como responsable de ese destino, una acción pastoral atenta y clarividente respecto a la cultura, especialmente, a la llamada cultura viva, es decir, el conjunto de los principios y valores que constituyen el ethos de un pueblo: «La síntesis entre cultura y fe no es sólo una exigencia de la cultura, sino también de la fe... Una fe que no se hace cultura es una fe que no es plenamente acogida, no totalmente pensada, no fielmente vivida» (Discurso a los participantes en el Congreso Nacional del Movimiento Eclesial de Compromiso Cultural, 16-I-1982, 2: IGP2 V/1 (1982) 131)”[15] .

En la Encíclica Slavorum apostoli, del 2-VI-1985, Juan Pablo II habla precisamente de esta labor de inculturación llevada a cabo por los santos Cirilo y Metodio: “En la obra de evangelización que ellos llevaron a cabo como pioneros en los territorios habitados por los pueblos eslavos, está contenido, al mismo tiempo un modelo de lo que hoy lleva el nombre de «inculturación» -encarnación del Evangelio en las culturas autóctonas-, y a la vez, la introducción de estas en la vida de la Iglesia. (...) ”. “En efecto, dicha actividad es tarea esencial de la Iglesia y es en nuestros días urgente en la forma ya mencionada de la «inculturación». Los dos hermanos no sólo desarrollaron su misión respetando plenamente la cultura existente entre los pueblos eslavos, sino que, junto con la religión, la promovieron y acrecentaron de forma eminente e incesante. De modo análogo, en nuestros días, las Iglesias de antigua formación pueden y deben ayudar a las Iglesias y a los pueblos jóvenes a madurar en su propia identidad y a progresar en ella”[16] .

Tenemos en este texto prácticamente la primera descripción del proceso de inculturación: encarnación del Evangelio en las culturas y a la vez incorporación de éstas en la vida de la Iglesia, y que se ha tomado -en la reflexión teológica- como la definición de inculturación.

El Sínodo de Obispos, en la Asamblea Extraordinaria de 1985 (24-IX al 8-XII), habló de inculturación: “Inculturación. Aquí encontramos también el principio teológico para la inculturación. Puesto que la Iglesia es comunión que une diversidad y unidad, por su presencia en el mundo entero, asume en toda cultura lo que allí encuentra de positivo. Sin embargo, la inculturación no es una simple adaptación exterior: ella significa una íntima transformación de los auténticos valores culturales por su integración en el cristianismo y la radicación del cristianismo en las diversas culturas humanas... Es también necesario hacer todos los esfuerzos a fin de lograr una generosa evangelización de la cultura y más exactamente de las culturas. Ellas deben ser regeneradas por el impacto de la Buena Nueva, pero este impacto no se producirá si la Buena Nueva no es proclamada”[17] .

Es interesante resaltar que este punto de la relación final del Sínodo de Obispos habla de un fundamento teológico de la inculturación: la comunión eclesial que une diversidad y unidad, es decir, la unidad que debe guardarse respecto a la fe no quita la posibilidad de que esa fe se viva en mentalidades diferentes y en circunstancias culturales muy diversas. La Iglesia ante las culturas asume, como ya se ha dicho anteriormente, todo lo positivo que hay en ellas, como el Hijo de Dios que ha asumido, en su naturaleza humana, todo lo humano.

Se ve cómo se abandona la idea de la simple transformación (o asimilación, o adaptación, o trasvase, etc., como se solía denominar anteriormente este proceso), puesto que la inculturación no es una mera adaptación externa, para dar paso al proceso que podríamos denominar como de dos vías: una, la de la transformación de los auténticos valores culturales al cristianismo, eliminando lo que no es compatible con el Evangelio; y la otra, el enraizamiento del cristianismo en las diversas culturas. Todo esto es que se quiere expresar precisamente con el concepto de inculturación.

En 1987, la Comisión Teológica Internacional volvió a ocuparse del tema de la inculturación[18] , esta vez en un estudio dedicado únicamente a este tema[19] . El documento consta de tres partes. En la introducción hace un recuento de las razones que han llevado a hablar sobre inculturación y comenta alguna de las razones. Recuerda que el Papa ha enseñado que la Encarnación del Verbo ha sido también una encarnación cultural[20] , a la vez que vuelve a recordar el hecho de la trascendencia de la Revelación en relación a las culturas: la palabra de Dios no puede identificarse o ligarse de manera exclusiva a ningún elemento cultural que le sirva de vehículo, ya sea para vivirla, expresarla o manifestarla. Más bien impone a las culturas una labor de purificación y mejoramiento de las costumbres y actuaciones: la cultura cuando es recta, revela y fortifica la naturaleza del hombre. En la segunda parte estudia la antropología cristiana: naturaleza, cultura y gracia, en relación a la inculturación. El sujeto primario de la cultura es la persona humana, considerada según todas las dimensiones de su ser. El hombre se cultiva -esa es la finalidad primera de la cultura-, y lo hace mediante obras de cultura y gracias a una memoria cultural. Por esto la cultura designa también el medio en cual y gracias al cual las personas pueden crecer. La fe cristiana es compatible con todas las culturas, en lo que ellas tienen de conforme a la recta razón y a la buena voluntad y, por otra parte, es ella misma en grado eminente un factor dinamizante de cultura. En la tercera parte analiza la inculturación en la historia de la salvación: en el Antiguo Testamento, en la época de Jesús y finalmente en la época apostólica. En la última parte comenta algunos problemas actuales de inculturación: piedad popular, religiones no cristianas, iglesias jóvenes y su pasado cristiano, fe cristiana y modernidad.

Es en la Encíclica Redemptoris missio, 7-XII-1990, en la que Juan Pablo II aborda el tema de la inculturación de una manera más profunda y sistemática, la define, la caracteriza, indica los principios por los cuales debe regirse: “Al desarrollar su actividad misionera entre las gentes, la Iglesia encuentra diversas culturas y se ve comprometida en el proceso de inculturación. En ésta una exigencia que ha marcado todo su camino histórico, pero hoy es particularmente aguda y urgente. El proceso de inserción de la Iglesia en las culturas de los pueblos requiere largo tiempo: no se trata de una mera adaptación externa, ya que la inculturación «significa una íntima transformación de los auténticos valores culturales mediante su integración en el cristianismo y la radicación del cristianismo en las diversas culturas» (Asamblea extraordinaria de 1985, Relación Final, II, D, 4). Es, pues, un proceso profundo y global que abarca tanto el mensaje cristiano, como la reflexión y la praxis de la Iglesia. Pero es también un proceso difícil, porque no debe comprometer en ningún modo las características y la integridad de la fe cristiana. Por medio de la inculturación la Iglesia encarna el Evangelio en las diversas culturas y, al mismo tiempo, introduce a los pueblos con sus culturas en su misma comunidad (cfr. Exh. Ap. Catechesi tradendae, 53; Ep. Enc. Slavorum apostoli, 21); transmite a las mismas sus propios va-lores, asumiendo lo que hay de bueno en ellas y renovándolas desde dentro (cfr. Pablo VI, Exh. Ap. Evangelii nuntiandi, 20: l. c., 18). Por su parte, con la inculturación la Iglesia se hace signo más comprensible de lo que es e instrumento más apto para su misión. Gracias a esta acción en las Iglesias locales, la misma Iglesia universal se enriquece con expresiones y valores en los diferentes sectores de la vida cristiana, como la evangelización, el culto, la teología, la caridad; conoce y expresa aún mejor el misterio de Cristo, a la vez que es alentada a una continua renovación. Estos temas, presentes en el Concilio y en el Magisterio posterior, los he afrontado repetidas veces en mis visitas pastorales a las Iglesias jóvenes. La inculturación es un camino lento que acompaña toda la vida misionera y requiere la aportación de los diversos colaboradores de la misión ad gentes, la de las comunidades cristianas a medida que se desarrollan, la de los Pastores que tienen la responsabilidad de discernir y fomentar su actuación (cfr. Conc. Ecum. Vaticano II, Decr. Ad gentes, 22)”[21] .

.....


“La inculturación, en su recto proceso debe estar dirigida por dos principios: «la compatibilidad con el Evangelio de las varias culturas a asumir y la comunión con la Iglesia universal» (cfr. Exh. Ap. Familiaris consortio, n. 10). Los Obispos, guardianes del «depósito de la fe» se cuidarán de la fidelidad y, sobre todo del discernimiento, para lo cual es necesario un profundo equilibrio; en efecto, existe el riesgo de pasar acríticamente de una especie de alienación de la cultura a una supervaloración de la misma, que es un producto del hombre, en consecuencia, marcada por el pecado. También ella debe ser «purificada, elevada y perfeccionada» (LG, 17). Este proceso necesita una gradualidad, para que sea verdaderamente expresión de la expe-riencia cristiana de la comunidad... Finalmente la inculturación debe implicar a todo el pueblo de Dios, no sólo a algunos expertos, ya que se sabe que el pueblo reflexiona sobre el genuino sentido de la fe que nunca conviene perder de vista. Esta inculturación debe ser dirigida y estimulada, pero no forzada, para no suscitar reacciones negativas en los cristianos: debe ser expresión de la vida comunitaria, es decir, debe madurar en el seno de la comunidad, y no ser fruto exclusivo de investigaciones eruditas. La salvaguardia de los valores tradicionales es efecto de una fe madura”[22] .

  2. Hacia una definición de la Inculturación

En primer lugar, abordamos la cuestión de la definición de inculturación, y presentamos, por una parte, algunos textos de las enseñanzas magisteriales, y por otra, las definiciones –en orden cronológico– de teólogos intentando abarcar un amplio espectro geográfico.

  2.1. Juan Pablo II

Exponemos como principal la definición que da el Juan Pablo II en la Encíclica Slavorum apostoli, aunque hayan otros textos –diversos viajes apostólicos del Pontífice- en los cuales es posible encontrar una definición o descripción de la inculturación[23] :

  2.1.1 Slavorum apostoli (2-VI-1985)

“encarnación del Evangelio en las culturas autóctonas, y a la vez, la introducción de éstas en la vida de la Iglesia”[24] .

  2.2 Otras definiciones[25]

Proponemos a continuación una serie de definiciones, que hemos recogido en diversos trabajos teológicos sobre la cultura y la inculturación en distintos ámbitos geográficos:

  2.2.1 Pedro Arrupe, s. j. (1977)

“La inculturación es la encarnación de la vida y mensaje cristianos en un área cultural concreta, de tal manera que esa experiencia no solo llegue a expresarse con los elementos propios de la cultura en cuestión (lo que no sería más que una superficial adaptación), sino que se convierta en el principio inspirador, normativo y unificador que transforme y recreación esa cultura, originando así «una nueva creación»”[26] .

  2.2.2 Arij A. Roest Crollius, s. j. (1978)

“La inculturación de la Iglesia es la integración de la experiencia cristiana de una iglesia local dentro de la cultura de su pueblo, de tal manera que esa experiencia no solamente se exprese conforme a lo específico de dicha cultura, sino que además llega a convertirse en una fuerza que la anima, orienta y renueva, creando en ella una nueva unidad de comunión enriquecedora para ella misma, pero también para la Iglesia Universal”[27] .

  2.2.3 Michael Amaladoss, s. j. (1981)

“La inculturación implica un proceso de encarnación por medio del cual el Evangelio llega a ser el principio animador de la cultura que se evangeliza, de su sistema de valores, de su visión del mundo, de sus estructuras socioeconómicas y políticas, etc.”[28] .

  2.2.4 John Mutiso-Mbinda (1982)

“...el esfuerzo [que la Iglesia local en África está haciendo en su intento] por proclamar a Cristo y los valores que él defendió, como los encontramos en el mensaje evangélico, encarnándolos en expresiones y símbolos tomados de las experiencias de vida de la gente”[29] .

  2.2.5 Karl Müller, s. d. v. (1983)

“Inculturación es una clase de encuentro. Que hace que el mensaje de Cristo, que se encuentra ya concretado en una cultura definida, se encuentre con otra cultura la cual no es consciente de Cristo pero que está permeada con los rayos del Verbo. En este encuentro ventajas y riesgos van juntos. Las ventajas se originan en el hecho de nuestro origen común y nuestra común llamada, las condiciones preliminares para el mutuo entendimiento están presentes. Pero los riesgos también están presentes, como son las diferencias las cuales pueden llegar a hacer que el entendimiento se dificulte o que llegue a darse una oposición”[30] .

  2.2.6 Jacques Scheuer, s. j. (1984)

“La inculturación es el proceso por el cual la vida y el mensaje cristianos se insertan en una cultura particular, se encarna por así decirlo en una comunidad cultural, en una sociedad determinada, y allí echan tan buenas raíces que producen nuevas riquezas, formas inéditas de pensamiento, de acción y de celebración...”[31] .

  2.2.7 Sebastian Karotemprel, s. d. b. (1984)

“...el proceso mediante el cual la revelación de Jesucristo es encarnada en una cultura concreta, un proceso en el cual nada se pierde de aquello que es esencial a la Revelación y a dicha cultura. Es un proceso mediante el cual la revelación es comprendida, concebida, expresada en el culto, formulada en proposiciones, asimilada, vivida, proclamada y testimoniada en una manera específica y con énfasis variantes”[32] .

  2.2.8 Sabino A. Vengco (1984)

“Inculturación es un proceso de integración de la fe y de la vida cristiana en una cultura, y de una experiencia cultural en la vida de la Iglesia universal. Inculturación primariamente no es un asunto teórico, mucho menos de leyes, sino un proceso de crecimiento hacia la madurez y totalidad de la experiencia cristiana en la cultura específica de una iglesia local”[33] .

  2.2.9 Mariasusai Dhavamony, s. j. (1985)

“Inculturación significa el proceso de infundir el mensaje evangélico en el alma de una cultura en tal modo que el mensaje y vida cristiana no solamente se expresen con los elementos propios de esta cultura sino que también la cultura misma se evangelice y se convierta en un enriquecimiento de la experiencia y la vida cristiana”[34] .

  2.2.10 Louis J. Luzbetak, s. d. v. (1988)

“Es la penetración del mensaje del Evangelio, y su plena integración, con la cultura de la comunidad en un simple sistema de creencias, valores y de conductas, haciendo que el mensaje del Evangelio sea generador y creativo con la cultura”[35] .

  2.2.12 Marcello de C. Azevedo, s. j. (1990)

“Con inculturación se indica el proceso activo desde la interioridad de la misma cultura que recibe la revelación a través de la evangelización y que la comprende y la traduce según el propio modo de ser, de actuar y de comunicar. Mediante el proceso de la evangelización inculturada viene depositada, en el terreno de la cultura, la semilla evangélica. El germen de la fe empieza ahora a desarrollarse en los términos e índole peculiar de la cultura que lo recibe”[36] .

  2.2.13 Hervé Carrier, s. j. (1991)

“...la inculturación designa el esfuerzo por hacer penetrar el mensaje de Cristo en el ambiente socio-cultural, que está llamado a crecer en todos sus valores propios, con tal que esos valores sean conciliables con el Evangelio. La inculturación tiende a que la Iglesia tenga carta de naturaleza en cada región o sector social, con pleno derecho del carácter y del genio de cada colectividad humana. Este término implica la idea de crecimiento, de enriquecimiento mutuo de las personas y de los grupos comprometidos en el encuentro del Evangelio con un ambiente social”[37] .


  3. Características de la Inculturación

A la luz de las numerosas definiciones y descripciones del concepto de inculturación, que acabamos de presentar, enumeramos una serie de características de este proceso, que nos parecen iluminantes y dignas de ser tenidas en cuenta para el resto de nuestro trabajo. En algunos casos, añadimos una referencia a la Encíclica Redemptoris missio (RM) de Juan Pablo II –donde se trata este argumento- o bien algún comentario clarificador. Veamos estas características:

  • a) es un proceso lento (RM 52);
  • b) es un proceso que involucra y hace responsable a todo el Pueblo de Dios y no sólo a los expertos (RM 45);
  • c) es un proceso profundo y global (RM 52);
  • d) es un proceso que permite conocer y expresar mejor el misterio de Cristo (RM 53);
  • e) es un proceso que debe ser dirigido y animado pero no forzado: debe manifestar en sí mismo la expresión de la vida de la comunidad;
  • f) es un proceso gradual y diferenciado (RM 54), ley de gradualidad;
  • g) es un proceso que requiere discernimiento y profundo equilibrio (RM 54);
  • h) es un proceso en el que la fe crece hacia adentro de la cultura que la recibe y este proceso de crecimiento hacia adentro no puede considerarse nunca acabado, porque la cultura cambia;
  • i) es la inserción del Evangelio en una cultura autóctona y la introducción de esta misma cultura en la vida de la Iglesia:
  • • ad extra: del evangelio hacia las culturas, para encarnarse en ellas, purificarlas y elevarlas, la íntima transformación de los valores culturales
  • • ad intra: la cultura entra a formar parte de la Iglesia universal, en las expresiones y vida de la Iglesia;
  • j) dos criterios irrenunciables:
  • • la compatibilidad con el Evangelio de las culturas asumidas
  • • la comunión de las jóvenes comunidades cristianas y nuevas culturas con la Iglesia universal;
  • k) peligros a evitar:
  • • relativización de la importancia de la inculturación por la comunidad al proclamar y difundir el Evangelio;
  • • sobrevaloración unilateral de la inculturación por la comunidad evangelizada (RM 54)
  • • instrumentalización de la cultura, sin mostrar un verdadero amor por aquellas expresiones culturales;
  • • el radicalismo cultural que lleva a cerrarse en sí mismo y a absolutizar la cultura o sus expresiones[38] ;
  • • el sincretismo que lleva a no respetar la integridad del mensaje evangélico[39] ;
  • • la confusión entre fe y cultura; sobre todo, la fe debe ser reconocida como una realidad radicalmente distinta a cualquier cultura;
  • • la confusión entre la unidad y la pluralidad, es decir, la unidad no debe ser identificada con la uniformidad[40] ;
  • l) el sujeto de la inculturación [41] :
  • • El sujeto -secundario- de la inculturación es el evangelizador, y la comunidad o iglesia local -el primario- a quienes el Mensaje es comunicado. El evangelizador debe estar profundamente insertado dentro de la comunidad y su estilo de vida debe ser evangélico y solidario con el pueblo (RM 43).


  1. S. C. de Propaganda Fide (1907). Ex Typographia Polyglotta. ed. Nota Directiva de la Congregación para la Propagación de la fe a los vicarios apostólicos: F. Pallu, P. Lambert de la Motte e I. Cotolendi sobre las misiones en China en 1659. pp. Vol. I (1622-1866), pág. 42.. 
  2. . «Un autor separa estos términos en los siguientes apartados: a) términos que implican una relación pedagógica: adaptación, acomodación; b) términos que implican una relación teológica: encarnación e implantación; c) términos que implican una relación social: indigenización, localización (indianización, africanización, etc.), contextualización; d) términos que implican una relación cultural: aculturación, inculturación, transculturación, interculturación, conculturación; para terminar explicando las razones que han llevado a preferir el término inculturación. Nos parece interesante leer la justificación que hace de esa clasificación: ANTHONY, FRANCIS-VINCENT, Ecclesial Praxis of Inculturation, Toward an Empirical-theological Theory of Inculturizing Praxis, Biblioteca di Scienze Religiose 136, LAS-Roma, 1997, Capítulo I (págs. 31-56).» 
  3. . «Cfr.: SCHREITER, ROBERT J., C. PP. S., Faith and Cultures: Challenges to a World Church, en «Theological Studies» 50 (1989) 747 y ARÉVALO, CATALINO G., S. J., Prenotes to the Contextualization of Theology, en «Philippiniana Sacra» XIV (1979) 15-35. Aunque también hay autores que difieran, cfr. HALEBLIAN, KRI-KOR, The Problem of Contextualization, en «Missiology» XI (1983) 95-111.» 
  4. . «SCHINELLER, PETER, s. j., A Handbook on Inculturation, Paulist Press, New York, Mahwah, 1990, pág. 19. Para una visión bastante completa acerca de la teología en contexto se pueden consultar los siguientes autores: ARÉVALO, CATALINO, S. J., Prenotes to the Contextualization of Theology, en «Philippiniana Sacra» 14 (1979) 15-35; SCHREITER, ROBERT J., C. PP. S., Issues Facing Contextual Theology Today, en «Verbum SVD» 21 (1980) 267-278; LUZBETAK, LOUIS J., S. V. D., Signs of Progress in Contextual Theology, en «Verbum SVD» 22 (1981) 39-57 y en un ambiente no católico: HALEBLIAN, KRIKOR, The Problem of Contextualization, en «Missiology» XI (1983) 95-111.» 
  5. . «Cfr. HERSKOVITS, MELVILLE J., Man and his Works, New York 1952, pág. 39. Existe una versión en español: El hombre y sus obras, traducción de M. Hernández Barroso, F. C. E., México 1974.» 
  6. . «Para una exposición más detallada de esta relación entre la definición del concepto antropológico y el uso de éste en la teología: ROEST CROLLIUS, ARIJ A., S. J., What is so new about inculturation?, en «Gregorianum» 59 (1978) 724-737. SALES, MICHEL, S. J., Le Christianisme, la culture et les cultures, I, 4, en «Axes» XIII/1-2 (1980) 13-15. LÓPEZ GAY, JESÚS, S. J., Pensiero attuale della Chiesa sull’inculturazione, en «Vita Consacrata» 16 (1980) 542-561. ALSZEGHY, ZOLTÁN, S. J., Il problema teologico dell’in-culturazione del cristianesimo, en AMATO, ANGELO - STRUS, ANDRZEJ (a cura di), Inculturazione e formazione salesiana, Editrice S. D. B., Roma 1984, págs. 15-39. GUGLIELMINETTI, PIERFILIPPO M., S. J., Dall’inculturazione alla transculturazione. Rapporti tra evangelizzazione e cultura alla luce del Decreto conciliare «Ad Gentes», en «Rassegna di Teologia» XXV (1984) 211-226. DHAVAMONY, MARIASUSAI, S. J., Problematica dell’inculturazione del vangelo oggi, en «Stromata» XLI (1985) 258-261 y 266-271. CHEUICHE, MONS. ANTONIO DO CARMO, O. C. D., Marco de referencia actual sobre la problemática de la inculturación, en «Medellín» 15 (1989) 435-444; TORNOS, ANDRÉS, La nueva teología de la cultura. Los cambios de lenguaje de los documentos oficiales de la Iglesia, a partir del Vaticano II, 4, en «Estudios Eclesiásticos» 66 (1991) 19-26. ANTHONY, FRANCIS-VINCENT, Ecclesial Praxis of Inculturation, Toward an Empirical-theological Theory of Inculturizing Praxis, Biblioteca di Scienze Religiose 136, LAS-Roma, 1997, págs. 31-56.» 
  7. . «Cfr. CHARLES, PIERRE, s. j., Missiologie et Acculturation, en «Nouvelle Revue Théologique» 75 (1953) 19.» 
  8. Error: se necesita rellenar el campo título.
  9. . «Cfr. MASSON, J., S. J., L´Eglise ouverte sur le monde, 4, en «Nouvelle Revue Théologique» 84 (1962) 1038.» 
  10. . «Cfr. NEMESHEGYI, PETER, S. J., Incontro tra cristianesimo e cultura in Asia (relazione alla riunione della Commissione Teologica Internazionale del 1972), en Pluralismo. Unità della fede e pluralismo teologico, Bolo-gna 1974, págs. 205-229.» 
  11. . «Cfr. FEDERATION OF ASIAN BISHOP’S CONFERENCES, Evangelization in Modern Day Asia, Final Statement Nº 12, en His Gospel to Our Peoples, Volume II, Manila, Cardinal Bea Institute, 1976, pág. 332. La reunión tuvo lugar en Taipei (Taiwán-Formosa) del 22 al 27 de abril de 1974.» 
  12. . «Cfr. Síndo de los Obispos (1977), Mensaje al Pueblo de Dios Cum iam ad exitum, 5, 28-X-1977: EV 6/385.» 
  13. . «Cfr. JUAN PABLO II, Mensaje con ocasión del 50 aniversario de la Organización Católica Internacional del Cine, 31-X-1978: IGP2 I (1978) 85.» 
  14. . «ID., Discurso a los participantes de la Asamblea Plenaria de la Pontificia Comisión Bíblica, 26-IV-1979: AAS 71 (1979) 607.» 
  15. . «ID., Creación del Pontificio Consejo para la Cultura. Carta al Secretario de Estado, 20-V-1982: AAS 74 (1982) 685.» 
  16. . «JUAN PABLO II, Encíclica Slavorum apostoli (2-VI-1985), 21a y 26b: AAS 77 (1985) 802 y 807.» 
  17. . «SÍNODO DE LOS OBISPOS (1985), Segunda Asamblea General extraordinaria, Relación final Ecclesia sub verbo Dei mysteria Christi celebrans pro salute mundi, 7-XII-1985, II, D, 4: EV 9/1813.» 
  18. . «La primera vez lo había hecho en un documento sobre eclesiología: Cfr. COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, Documento Temas selectos de Eclesiología (1984), 4, en COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, Documentos 1969-1996, Veinticinco años de servicio a la teología de la Iglesia, BAC, Madrid 1998, págs. 342-347.» 
  19. . «Cfr. COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, Documento La Fe y la Inculturación (1987), en COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, Documentos 1969-1996, Veinticinco años de servicio a la teología de la Iglesia, o. c., págs. 393-416.» 
  20. . «Cfr. JUAN PABLO II, Discurso a los profesores, universitarios y hombres de cultura en la Universidad de Coimbra, Portugal, 15-V-1982, 5: IGP2 V/2 (1982) 1694-1696.» 
  21. . «ID., Encíclica Redemptoris missio (7-XII-1990), 52: AAS 83 (1991) 299-300.» 
  22. . «Ibid., 54: AAS 83 (1991) 301-302.» 
  23. . «JUAN PABLO II, Discurso a la Conferencia Episcopal de Kenia, Nairobi, 7-V-1980, 6: AAS 72 (1980) 497; ID., Alocución a los Obispos de Ghana, Kumasi, 9-V-1980, 3: AAS 72 (1980) 515; ID., Con la comunidad diocesana de Kinshasa, en la Catedral; 15-VIII-1985, 4: IGP2 VIII/2 1985 417-418; ID., Discurso a los Obispos de la India, Delhi, 1-II-1986, 5: AAS 78 (1986) 748; ID., Discurso en el encuentro 500 años de evangelización en América Latina, Cartagena, Colombia, 6-VII-1986, 7: AAS 79 (1987) 105; ID., Discurso al Pontificio Consejo para la Cultura, 13-I-1989, 6: AAS 81 (1989) 859-860; ID., Discurso a los representantes del mundo de la cultura en Salvador, Brasil, 20-X-1991, 4: IGP2 XIV/2 (1991) 960.» 
  24. . «ID., Encíclica Slavorum apostoli (2-VI-1985), 21a: AAS 77 (1985) 802.» 
  25. . «Si se desean consultar más definiciones, recomendamos ver: http://www.inculturacion.net/es/ensayos/file/19-acosta-inculturacion-definicion; páginas 5 a 22.» 
  26. . «ARRUPE, PEDRO, s. j., Carta sobre la Inculturación (14-V-1978), en «Acta Romana Societatis Iesu» XVII (1978) 230). Y en el Documento de trabajo que acompaña dicha carta aparece esta otra: “el esfuerzo que hace la Iglesia por presentar el mensaje y valores del Evangelio encarnados en formas y términos propios de cada cultura, de modo que la fe y la vivencia cristiana de cada Iglesia local se inserte, del modo más íntimo y profundo posible, en el propio marco cultural” (ID., Documento de trabajo sobre la inculturación (14-V-1978), 1: en «Acta Romana Societatis Iesu» XVII (1978) 240). Son las dos definiciones más conocidas del P. Arrupe, aunque anterior a éstas ofrece otra en ID., Catechesi e Inculturazione, en «Aggiornamenti sociali» 28 (1977) 666.» 
  27. . «ROEST CROLLIUS, ARIJ A., s. j., What is so new about inculturation?, en «Gregorianum» 59 (1978) 735; años después el autor proporciona la misma definición en: ID., Inculturazione della fede: la problematica attuale, en GENERO, BARTOLOMEO, s. j. (a cura di), Inculturazione della fede. Saggi Interdisciplinari, Edizioni Dehoniane-Napoli, 1981, págs. 31-32.» 
  28. . «AMALADOSS, MICHAEL, s. j., Inculturation in India, en «East Asian Pastoral Review» 18 (1981) 320.» 
  29. . «MUTISO-MBINDA, JOHN, Inculturación e Iglesia local Africana, en «Misiones Extranjeras» 70-71 (1982) 333.» 
  30. . «MÜLLER, KARL, Accommodation and Inculturation in the Papal Documents, en «Verbum SVD» 24 (1983) 358, Cfr. ID., Teologia della Missione. Un’Introduzione, Editrice Missionaria Italiana, Bologna 1991, pág. 212.» 
  31. . «SCHEUER, JACQUES, S. J., L’Inculturation. Présentation du thème, en «Lumen Vitae» 39 (1984) 253.» 
  32. . «KAROTEMPREL, SEBASTIAN, s. d. b., Inculturazione e Formazione Missionaria, en AMATO, ANGELO - STRUS, ANDRZEJ (a cura di), Inculturazione e formazione salesiana, Editrice S. D. B., Roma 1984, págs. 379.» 
  33. . «VENGCO, SABINO A., Another Look at inculturation, en «Philippine Studies» 32 (1984) 195.» 
  34. . «DHAVAMONY, MARIASUSAI, S. J., Problematica dell’inculturazione del vangelo oggi, en «Stromata» XLI (1985) 269. La misma definición aparece en ID., Problemática actual de la inculturación del Evangelio, en AA. VV., Evangelización de la cultura e inculturación del Evangelio, Buenos Aires, Guadalupe, 1988, pág. 143.» 
  35. . «LUZBETAK, LOUIS J., s. v. d., The Church and Cultures. New Perspectives in Missiological Anthropology, Maryknoll, Orbis Book, Maryknoll, New York 1988, pág. 82.» 
  36. . «AZEVEDO, MARCELLO DE C., voz Inculturazione, I. Problematica, en «Dizionario di Teologia Fondamentale», diretto da René Latourelle - Rino Fisichella, Citta della Editrice, Assisi, Novembre 1990, pág. 576. Años atrás el mismo autor escribió también en dos oportunidades definiendo la inculturación: ID., Inculturation and the Challenge of Modernity, Gregorian University, Rome, 1982, pág. 11; y ID., Evangelización Inculturada, en «Misiones Extranjeras» 87 (1985) 199.» 
  37. . «CARRIER, HERVÉ, Evangelio y Culturas. De León XIII a Juan Pablo II, CELAM, Colección Autores Nº 1, Santa Fe de Bogotá, 1991, pág. 148.» 
  38. . «Cfr. RATZINGER, CARD. JOSEPH, La fe cristiana ante el desafío de las culturas, en «Ecclesia» VII (1993/4) 372.» 
  39. . «Cfr. CONGAR, YVES, o. p., Christianisme comme Foi et comme Culture, en AA. VV., Evangelizzazione e cultura, Atti del Congresso Internazionale Scientifico di Missiologia (Roma, 5-12 ottobre 1975), Pontificia Università Urbaniana, Roma 1976, Volume I, pág. 96.» 
  40. . «Cfr. JUAN PABLO II, Audiencia general, 2-I-1991, 4: IGP2 XIV/1 (1991) 10.» 
  41. . «Cfr. ODORICO, FR. LUCIANO, s. d. b., Evangelization and culture in ‘Redemptoris missio’, 3. 3, en «Omnis Terra» 28 (1994) 349. WOLANIN, ADAM, s. j., L’inculturazione nel pensiero di Giovanni Paolo II, en «Seminarium» XXXII (1992/1) 155.» 
   
               

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