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Juan de Valdés (Cuenca, 1509 - Nápoles, 1541), humanista, erasmista y escritor español.
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Son pocas y vagas las noticias que se tienen de sus primeros años. Estudió en Alcalá de Henares y a principios de 1528 comenzó su correspondencia con Erasmo de Rotterdam. Entró al servicio del marqués de Villena, periodo decisivo en su formación religiosa. Al aparecer su primer libro, Diálogo de doctrina cristiana (Alcalá de Henares, 1529), se le denunció ante la Inquisición, por lo que decide trasladarse a Italia, donde residió hasta el fin de sus días, habiendo sido gentilhombre de capa y espada en la Corte de Clemente VII.
En 1534 marcha a Roma y un año después a Nápoles, en ambos lugares como agente político del emperador, si bien debió de serlo por poco tiempo, puesto que fue víctima de la reacción antierasmista de la Inquisición española. En Nápoles trató a Garcilaso de la Vega, miembro de la Academia Pontaniana. En los años que siguieron hasta su muerte escribió copiosamente consideraciones piadosas, trabajos exegéticos, traducciones parciales de la Biblia y algunos diálogos destinados a aclarar conceptos y ampliar las conversaciones que tenía con los adeptos a sus doctrinas religiosas en la tertulia que mantuvo en su casa, un verdadero círculo de reformistas y religiosos alumbrados. Todos esos trabajos manuscritos fueron conservados y transmitidos por la más famosa de sus discípulas, Giulia Gonzaga.
En su casa recibió, entre otros, al arzobispo de Otranto Pietro Antonio di Capua, Galeazzo Caracciolo, Caterina Cybo, al vicario general de la orden capuchina Bernardino Ochino, al obispo de Bérgamo Vittore Soranzo, Bartolomeo Spadafora, al obispo de Cheronissa Giovanni Francesco Verdura, Pietro Martire Vermigli. Según testimonio rendido el 7 de marzo de 1564 por Francesco Alois, condenado como luterano, entre los simpatizantes de Juan de Valdés cabía incluir también a Nicola Maria Caracciolo (1512-1568), obispo de Catania, que en el texto de su sínodo diocesano, escrito en lengua vulgar, demuestra una espiritualidad cercana a la de los alumbrados. Pero los más destacados fueron Pietro Carnesecchi, Marcantonio Flaminio, Mario Galeota, amigo de Garcilaso, y la ya citada Giulia Gonzaga.
Con ser Nápoles, en aquella época, una ciudad española, faltaban libros para aprender el castellano, y parece que al escribir su Diálogo de la lengua, Valdés trató de complacer a un grupo de amigos que deseaban perfeccionar el conocimiento del castellano; esta es su obra cumbre, compuesta hacia 1535 y que no llegó a ser impresa sino ya en pleno siglo XVIII, cuando el ilustrado Gregorio Mayans y Siscar lo editó como apéndice en sus Orígenes de la lengua española, 1737, aunque con el título de Diálogo de las lenguas. Contiene toda suerte de juicios sobre cuestiones normativas de la lengua castellana más pura, estimando como tal la de los refranes y mostrándose muy opuesto a Antonio de Nebrija, a quien consideraba demasiado afectado de andalucismo. En cuanto al mejor estilo, se muestra plenamente renacentista al escribir:
Su nombre, junto con el de su hermano Alfonso, se ha barajado como uno de los posibles autores del Lazarillo de Tormes, pero la idea parece descartada por los estudios actuales. Por lo que toca a sus inquietudes religiosas, que fueron las que más ocuparon sus escritos, se encuentran a medio camino entre el catolicismo y la reforma luterana y llegaron a tener gran resonancia en Europa, de forma que incluso se atribuye a Valdés y en especial a sus discípulos, los llamados valdesianos, la entrada del protestantismo en Italia.
La norma es una institución caprichosa que se desarrolla en las lenguas. Al ser algo irregular, que rompe lo característico, los autores tradicionalmente se han preocupado de adoptar un punto de vista prescriptivo, denostando las formas que, por haber elegido un modelo u otro de lengua ideal, no se consideran correctas. De esta manera, el autor Zamora Salamanca distingue dos puntos de vista con respecto a la norma:
- Punto de vista axiológico: Es un punto de vista prescriptivo. Se señala una comunidad de hablantes como modelo ideal de lengua y se penaliza el uso del resto de las formas. Los autores, por tanto, buscan encontrar el modelo idóneo de acorde a diferentes criterios según la época en la que nos encontremos.
- Punto de vista objetivo: La lengua se define desde el punto de vista descriptivo, como el conjunto de realizaciones de una lengua dada en un determinado momento histórico.
Valdés representa en el S.XVI la tendencia antinormativista, expresada en su Diálogo de la Lengua, aunque con matices:
- Valdés identifica la lengua con el pueblo, pues éste transmite la pureza.
- Al final, se interesa por el lenguaje de la corte, pero desprovisto de sus artificios.
Así, si bien selecciona un lenguaje ideal, se le considera antinormativista porque rechazó la manifestación prescriptiva que denostaba el lenguaje en sí de acorde a un grupo social. Su ideal era el lenguaje limpio, tal y como se manifiesta en el pueblo combinado con la cultura de la corte. Por lo tanto, ya adelantaba el interés por la evolución de la norma entre los hablantes y no como meras desviaciones que deben ser corregidas.
Se podría decir que con esta postura dejo visos de lo que sería la lingüística del siglo XX y el desarrollo del sistema de la lengua de Eugen Coşeriu .
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