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definición - era de los descubrimientos

definición de era de los descubrimientos (Wikipedia)

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Wikipedia

Era de los descubrimientos

                   
  El mapa de Fra Mauro (Venecia, 1459) muestra Europa, África y Asia.

La era de los descubrimientos fue un período histórico que dio comienzo a principios del siglo XV extendiéndose hasta comienzos del siglo XVII. Durante esta época los navíos de Europa surcaron los mares del mundo en busca de nuevos socios y rutas comerciales con los que contribuir al mercantilismo europeo. Durante estas exploraciones, los europeos llegaron a territorios habitados y deshabitados que anteriormente no conocían. Entre los exploradores más famosos de la era de las exploraciones se encuentran Cristóbal Colón, Vasco da Gama, Pedro Álvares Cabral, Juan de la Cosa, Bartolomé Díaz, Juan Caboto, Juan Ponce de León, Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano. Afrontaron la navegación oceánica con unos medios precarios: no podían determinar con precisión la longitud,[1] los cascos de madera de las naves eran atacados por teredos,[2] la alimentación resultaba inadecuada para largas travesías,[3] y la higiene y las condiciones de vida a bordo eran malas. Sin embargo, impulsados por la economía, y para acrecentar territorios de imperios y naciones, aquellos hombres realizaron expediciones que ensancharon el mundo conocido por los europeos.

  La carabela, embarcación a vela que durante el siglo XV se utilizó ampliamente sobre todo en las expediciones que propiciaron la Era de las exploraciones.

Contenido

  Sociedad de la época

  Imprenta del siglo XV.
  Leonardo Da Vinci.

A comienzos de la era de las exploraciones, en el siglo XV, Johannes Gutenberg inventó uno de los objetos que más ha cambiado el curso de la historia: la imprenta de caracteres móviles.[4] Desde finales de dicho siglo hasta la segunda mitad del siglo XVI tuvieron lugar las llamadas Guerras Italianas, que son un conjunto de conflictos europeos que tuvieron lugar entre Francia, España, Sacro Imperio Romano Germánico, Inglaterra, Escocia, la República de Venecia, los Estados Pontificios y otras ciudades estado italianas.

A lo largo del siglo XVI, varios religiosos, filósofos y políticos intentaron provocar un cambio profundo y generalizado en los usos y costumbres de la Iglesia Católica en la Europa Occidental. Así empezó la Reforma Protestante, mediante la predicación del sacerdote católico agustino Martín Lutero. Como respuesta a la misma surgió la Contrarreforma cuyos objetivos fueron renovar la Iglesia y evitar el avance de las doctrinas protestantes. Durante la segunda mitad de dicho siglo se desencadenaron una serie de ocho conflictos que fueron bautizados bajo el nombre de Guerras de religión de Francia. En estos sucesos se enfrentaron los hugonotes y los católicos. Hasta finales de este siglo se mantuvo de forma hegemónica en Europa una corriente filosófica, filológica, intelectual, artística y educativa denominada Humanismo, el cual estaba estrechamente ligado al Renacimiento. Precisamente sería esta era la que marcaría el comienzo de la expansión mundial de la cultura europea, lo cual rompe la concepción medieval del mundo, fundamentalmente geocéntrica. Algunos de los personajes más importantes del Renacimiento fueron Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Miguel de Cervantes, el ya nombrado Martín Lutero, Alberto Durero, Johannes Kepler, Tycho Brahe, Joachim Patinir, Quintín Metsys, Antonio Moro, el Bosco, Erasmo de Rotterdam y Bruegel el viejo.

Durante el siglo XVI tuvieron lugar la expulsión de los moriscos de España y la Guerra de los Treinta Años. El Renacimiento del siglo XVI es la puerta de entrada para que en los 100 años que corrieron de 1600 a 1700, la sociedad pudiera zafarse del viejo molde que implantaba métodos rígidos de comportamiento y actuación, especialmente de impuestos, por la Iglesia.

Ya en el siglo XVIII se produjeron importantes avances tecnológicos como la máquina de vapor, culturales como la aparición de la enciclopedia y el desarrollo de la astronomía, y bélicos como la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, la Revolución francesa, las guerras de sucesión española, austríaca y polaca, y la Guerra de los Siete Años.

Por otra parte, uno de los grandes desastres que ocurrieron en el siglo XVIII tuvo lugar en Lisboa, que fue asolada por un terremoto que destruyó prácticamente la ciudad. La corriente cultural que predominó en este siglo fue la Ilustración.

  Antecedentes

El comercio tuvo mucho que ver con los orígenes de la Era de las Exploraciones. Se trataba de encontrar una ruta marítima hacia Asia para traer a Europa occidental las especias de Oriente,[5] que hasta ese momento llegaban por tierra, en caravanas que tenían que cruzar los territorios de los países asiáticos, y cuyo comercio en Europa era prácticamente un monopolio de los mercaderes italianos, fundamentalmente venecianos y genoveses.[6]

  En la esquina superior izquierda, el Mediterráneo oriental. Entre Irán y África, la península de Arabia, flanqueada por dos corredores marítimos naturales: el mar Rojo, al oeste, y el golfo Pérsico al este. Por ellos salían las naves al mar de Arabia, en el océano Índico, rumbo a Oriente.

Desde la Antigüedad se habían establecido dos rutas comerciales hacia el Oriente, el Este: una, marítima, que partía de Egipto e Irak, y otra terrestre, la Ruta de la Seda.[7] La primera, estacional, aprovechaba los vientos monzónicos: entre abril y junio partían las naves hacia Asia oriental, desde Suez o Basora navegando por el mar Rojo o el golfo Pérsico, respectivamente,[8] hasta el mar de Arabia, donde el monzón del sudoeste –que sopla hacia tierra- las impulsaba hacia el océano Índico y el mar de China.[9] Unos seis meses después, entre octubre y diciembre, el monzón del nordeste –que sopla hacia el mar- facilitaba el retorno a los puertos de origen.[10] [11]

La Ruta de la seda, vía terrestre, hundía sus raíces occidentales en las costas del Mediterráneo oriental principalmente -Alejandría, Damasco y Alepo-,[12] [13] y del mar Negro, desde donde se internaba en Asia pasando por Bagdad y el sur del mar Caspio, recibiendo ramales de territorios interiores de hasta las proximidades del mar de Aral. De Bujará, en el centro de Asia, partía una derivación hacia Delhi y Agra en la India. Más allá de Bujara, en Samarcanda,[14] al norte del Pamir, la ruta de la seda se bifurcaba de nuevo: por el norte, hacia Almaty; por el Este, recorriendo toda el Asia central, y bordeando el Himalaya, alcanzaba la ciudad china de Xian.[15] Finalmente, desde aquí, sendas vías terminaban en Pekín y Shanghái.

  Desde las costas del Mediterráneo oriental la Ruta de la seda cruzaba toda Asia hasta Xian en China, y aún más allá, llegando al Océano Pacífico.

El acceso a esa inmensa vía de comunicación con Oriente solía estar monopolizado por manos musulmanas. Alejandría, Alepo y Damasco eran un telón de acero[16] infranqueable. Solo entre mediados del siglo XIII y del XIV los europeos tuvieron libre acceso a Catay[17] durante el apogeo del imperio tártaro de Kublai Khan,[18] anfitrión de Marco Polo.

Las vías comerciales existentes traían las codiciadas especias, pero también las encarecían extraordinariamente por los innumerables tributos que se pagaban al cruzar tan vastos territorios. Y esto sin contar con avatares políticos, o incluso el bandidaje. Urgía resolver el problema: encontrar una ruta hacia el Poniente. Además hubo una serie de mejoras de las técnicas de navegación así como los avances en cartografía, navegación y construcción naval. El logro técnico que posibilitó la aventura fue la invención de la carraca y posteriormente de la carabela en la península Ibérica. Estos barcos eran una combinación de modelos tradicionales de navíos árabes y europeos y fueron los primeros capaces de salir del apacible mar Mediterráneo para hacerlo con cierta seguridad en aguas abiertas del océano Atlántico.

La organización social de los reinos de la península ibérica determinaba una empresa así. Las grandes familias tenían la institución del mayorazgo, por la que el primogénito heredaba las posesiones familiares. Los segundones podían dedicarse a la Iglesia o probar fortuna en la guerra contra los moros, en la que podían ganar honores y tierras con su esfuerzo. Al acabar la conquista se acabaron las tierras por conquistar, aunque se podía seguir la reconquista por el norte de África, la Mauritania Tingitana de los romanos. Portugal terminó su reconquista antes que Castilla y se lanzó a establecer colonias en el norte de África como paso previo a seguir la ruta por el sur del continente. Aragón, también terminó antes que Castilla y se lanzó a buscar la ruta directamente por el Mediterráneo.

La reina Isabel la Católica en su testamento encargó que la reconquista siguiera por tierras de África,[19] pero el descubrimiento de la ruta a las Indias por Occidente (en realidad el continente americano) cambió los planes de estos segundones y abrió posibilidades inesperadas para continuar el ímpetu conquistador de los ocho siglos anteriores.

  Exploraciones por tierra

  Marco Polo (1253 - 1324).

Una serie de expediciones europeas que cruzaron Eurasia por tierra a finales de la Edad Media fueron las antecesoras de la Era de las Exploraciones. Aunque los mongoles amenazaban saquear Europa también unificaron gran parte de Eurasia estableciendo vías de comunicación y rutas comerciales entre China y Oriente Medio. Algunos europeos las aprovecharon para explorar las regiones orientales. La gran mayoría de estos fueron italianos ya que el comercio entre Europa y Oriente Medio prácticamente estaba bajo el control de los comerciantes de las ciudades estado italianas.[6] Sus estrechas relaciones con el Oriente Próximo mediterráneo suscitaron un gran interés comercial por las regiones que se encontraban más hacia el Este. El Papa también envió expediciones con la esperanza de encontrar conversos al cristianismo o el mítico reino del Preste Juan.

  El Imperio mongol en el siglo XIV, en un mapa de 1923. Fue uno de los mayores imperios de la historia, habitado por casi la mitad de la población mundial de la época.

El primero de estos viajeros fue Giovanni da Pian del Carpine que alcanzó Mongolia y regresó a Europa entre 1244 y 1247. Sin embargo, el viaje más célebre es el de Marco Polo que cruzó todo Oriente de 1271 a 1295. La relación de su viaje es profusamente narrada como Los viajes de Marco Polo, obra que tuvo una gran difusión en toda Europa.

Estos viajes no ejercieron un efecto inmediato. Sin embargo, el Imperio mongol se derrumbó casi tan rápidamente como había surgido. De este modo las rutas hacia el este se hicieron más peligrosas y difíciles de transitar. La peste negra del siglo XIV también obstaculizó los viajes y el comercio. La ruta por tierra hacia el este sería siempre demasiado larga y difícil como para sostener un comercio rentable, estando además en manos de imperios islámicos que habían combatido durante siglos a los europeos. La ascensión de un Imperio otomano agresivo y expansionista limitó aún más, si cabe, las expectativas de los europeos.

  Las exploraciones de Zheng He

Zheng He (1371 - 1435) fue un explorador y marino chino que dirigió la mayoría de las expediciones llevadas a cabo bajo el mandato del emperador Yongle, de la Dinastía Ming.[20] El navegante escribía un diario y contaba con una de las primeras brújulas del mundo, además de hacer algunas de las primeras cartas náuticas.[21] Zheng He exploró el Sureste asiático - Cochinchina, Malaca, Siam, Java, Calcuta, Sri Lanka - además del Golfo Pérsico, África Oriental y Egipto.[20] Además, algunos investigadores apuntan a que el famoso explorador chino también llegó hasta el continente americano, es decir, que llegó a América antes que Cristóbal Colón.[22] Zheng He comerció con marfil, tintes y piedras preciosas, y ofreció como presentes a su Emperador animales exóticos como jirafas, avestruces, leopardos y leones.[21]

Sus expediciones se realizaron a lo largo de siete viajes que se llevaron a cabo desde 1405 hasta 1433. En su primer viaje, Zheng He contaba con un enorme barco que fue probablemente el mayor buque de su época. Contaba con nueve mástiles y doce velas, y estaba tripulado por unos 200 marineros.[21]

En 1998, la edición estadounidense de la revista National Geographic alababa su figura por ser el único navegante oriental que merecía ser recordado, en gran parte por ser de un país que nunca tuvo aspiraciones confesables de colonialismo.[23]

  Las exploraciones portuguesas

  Vasco da Gama (1469 - 1524).

El mítico Oriente solo pudo volver al pensamiento de los europeos una vez que se inventaron en la península Ibérica la carraca y posteriormente la carabela.

Este afán explorador se debe a una serie de causas. La más probable es la búsqueda de nuevas rutas para el comercio de especias sin depender de las caravanas terrestres que cruzaban Asia, donde las cambiantes condiciones políticas podían interrumpir en cualquier momento el suministro. Los monetaristas sostienen que el motivo principal que dio inicio a la Era de las Exploraciones fue la grave reducción de la cantidad de metal precioso que existía en Europa. La economía europea dependía de la circulación de moneda de oro y plata pero su escasez había sumido a Europa en la recesión. Otro de los factores fue la prolongada guerra de la Reconquista contra los estados musulmanes de la península Ibérica. Para los cristianos hispánicos era vital para la supervivencia poder sobrepasar la esfera territorial de los estados islámicos. Al mismo tiempo aprendieron mucho de sus vecinos árabes. En la carraca y la carabela introdujeron el uso de la vela latina, empleada por los árabes, mejorando la maniobrabilidad de los barcos. También a través de los árabes se redescubrió la obra de los geógrafos griegos de la antigüedad, dando por primera vez a los europeos una idea aproximada del contorno de África y Asia.

  El logro de Vasco da Gama fue encontrar la ruta marítima a la India por el Este, Oriente, doblando el cabo de Buena Esperanza que había cartografiado su compatriota Bartolomé Días.

La primera gran oleada de expediciones fue enviada por Portugal bajo el mandato de Enrique el Navegante. Internándose en pleno océano Atlántico arribaron a las islas Madeira en 1419 y posteriormente a las Azores en 1427, convirtiéndose ambas en colonias portuguesas. El proyecto de Enrique el Navegante consistía en explorar la costa occidental de África. Durante siglos las únicas rutas comerciales entre África Occidental y el mundo del Mediterráneo cruzaban el Desierto del Sahara. Estas rutas estaban controladas por los estados musulmanes del norte de África, viejos rivales de Portugal. Los portugueses esperaban comerciar directamente con África Occidental por la vía marítima, evitando así los territorios islámicos. Los navegantes portugueses progresaban lentamente pero con seguridad, consiguiendo cada año avanzar algo más hacia el sur. En 1434 se salvó definitivamente el obstáculo que suponía el cabo Bojador. En el lapso de dos décadas se había vencido la barrera del Sahara y dio comienzo el comercio de oro y esclavos en lo que hoy es Senegal. El avance continuó mientras se construían fuertes en La Mina y Santo Tomé y Príncipe se convertía en la primera colonia productora de azúcar. En 1482 una expedición al mando de Diogo Cão entró en contacto con el reino del Congo. El hito decisivo tuvo lugar en 1487, cuando Bartolomé Díaz dobló y bautizó el cabo de Buena Esperanza, demostrando que era posible alcanzar el Océano Índico. En 1498 Vasco da Gama cumplía ese designio llegando a la India. La Ruta de la Seda no era ya imprescindible para acceder a los mercados orientales.

  Inicio de la conquista de América

  Mapa con los principales viajes de la época de las exploraciones.

El Reino de Castilla compite con Portugal, pero empezando sus exploraciones del Atlántico con retraso respecto a los lusos: hasta finales del siglo XV los exploradores castellanos no entrarían en competencia directa con sus vecinos peninsulares aunque su presencia comercial y pirática era activa en las aguas atlánticas. El primer enfrentamiento fue por las Islas Canarias, que fueron confirmadas como posesión castellana en el Tratado de Alcáçovas e incorporadas en su totalidad tras largas campañas contra los indígenas insulares entre 1478 y 1496.

Por otro lado, los recursos castellanos estaban dedicados al esfuerzo bélico contra el reino de Granada en la península. Una vez terminada la Reconquista, los Reyes Católicos pudieron dedicarse a la búsqueda de nuevas colonias y rutas comerciales ultramarinas. En 1492 los monarcas deciden financiar la expedición de Cristóbal Colón con la esperanza de encontrar una ruta que llegase al Océano Índico navegando hacia el Oeste, buscando una alternativa a la ruta de las especias y cumpliendo con el Tratado de Alcaçovas, que reservaba a Portugal el camino por el sur de África.

Colón no llegó a Asia, sino a un Nuevo Mundo, el continente de América. En rigor, el continente americano había sido descubierto por culturas asiáticas, varios milenos antes de la llegada de Colón, pero hasta ese momento, su existencia había permanecido desconocida por la mayor parte de las culturas asentadas en Europa, África y Asia. Conocido el nuevo camino al este del continente asiático (denominado por algunas etnias europeas como "las Indias"), la delimitación de las áreas de influencia de España y Portugal pasó a ser un asunto comprometido que acabó resolviéndose diplomáticamente con la firma de un nuevo tratado en Tordesillas, en 1494, que fijó el límite entre las dos potencias ibéricas. Los portugueses se otorgaron todo el territorio no europeo que se encontraba al Este de un meridiano que pasaba 370 leguas al Oeste de las islas de Cabo Verde. Esto ponía en sus manos África, Asia y la parte oriental de Sudamérica (el extremo de Brasil). Los castellanos se adjudicaron los territorios que se encontraban al occidente de ese meridiano –tierras prácticamente desconocidas hasta ese momento– principalmente la zona occidental del Continente Americano así como algunas islas del Océano Pacífico.

Al principio, Colón y otros exploradores españoles quedaron decepcionados por el resultado económico de sus exploraciones. A diferencia de África o Asia, los habitantes de las islas del Caribe no poseían oro ni tenían bienes que los españoles consideraran de valor, aunque sí poseían gran cantidad de productos agrícolas desconocidos por el mal llamado Viejo Mundo, como el maíz, la mandioca, el algodón, el maní (cacahuete), la pimienta, la piña, la patata y el tabaco. Tiempo después, al explorar más el continente, los europeos fueron hallando nuevos productos y comenzaron a percatarse del valor comercial que los productos de las culturas americanas podían tener en los mercados de Europa, para competir con los bienes que portugueses e italianos llevaban desde Asia y África: a los productos ya mencionados se sumaron nuevas especias como la vainilla, el tomate, la patata, el cacao y su derivado el xokolatl o chocolate, la llamada pimienta de Jamaica, o la cochinilla, que da un apreciado tinte. Cuando el comercio con España de este insecto se volvió corriente, los piratas ingleses u holandeses, que buscaban principalmente oro, tiraban los cargamentos al mar, desconocedores de su valor comercial.

En el interior de América los españoles encontraron dos grandes imperios, el Azteca y el Inca que eran tan extensos y estaban tan o más poblados que los de Europa. Su conquista se vio facilitada por las alianzas que los conquistadores españoles establecieron con los pueblos sojuzgados por dichos imperios y por la catástrofe demográfica que sufrieron provocada por las enfermedades llevadas inconscientemente por los europeos. En otros casos, la resistencia de las culturas indígenas fue tan tenaz, que su conquista por parte de los europeos exigió largas guerras o se hizo imposible.

Ya en 1496, Bartolomé Colón funda Santo Domingo, conocida por ser el lugar del primer asentamiento europeo en América y por ser la primera sede del gobierno colonial español en el Nuevo Mundo.[24]

  Los recursos de América

Como se ha dicho más arriba, después de que Colón llegara a América, las diversas culturas africanas, europeas, y asiáticas, comenzaron a utilizar y consumir una gran cantidad de productos desarrollados por las culturas americanas, como el maíz, la mandioca, el algodón, el maní (cacahuete), el ají, la piña o ananá, la batata, el tabaco, la vainilla, el tomate, la patata, el cacao y su derivado el xokolatl o chocolate, el cautchuc o caucho y el látex, el aguacate, así como variedades diferentes de otros frutos ya conocidos en el Viejo Mundo. Ya en el siglo XVI, gallegos y manchegos discutían sobre la calidad de las papas cultivadas en sus tierras.

Una vez asegurada la conquista, los principales focos de interés fue el comercio de especias que hasta allí los había llevado, así como la explotación de otras riquezas como los metales preciosos, principalmente oro y plata, cuya acumulación haría posible el despegue de la sociedad industrial a partir del siglo XVIII.

  La vuelta al mundo

De todos modos, como las especias más apreciadas en Europa no aparecían en el nuevo continente, la corona española siguió con sus miras puestas en las Indias orientales. Por ello, en 1519, año en que Hernán Cortés desembarcaba en México, financió la expedición del marino portugués Fernando de Magallanes. El objetivo del viaje era encontrar las Islas de las Especias (las Molucas) navegando hacia poniente para comerciar con ellas en beneficio de Castilla, dado que por el Tratado de Tordesillas correspondían a su zona de influencia. Magallanes había intentado antes que la expedición la financiase Portugal, pero respetuosos los portugueses del Tratado, se negaron a ello.

  Magallanes y el «Paso»

Magallanes había participado activamente en la colonización de la India y Malaca,[26] filones que Vasco da Gama puso a disposición de Manuel I de Portugal el Afortunado. En el verano de 1513 es enviado por Don Manuel a Marruecos para limpiar las costas de piratas, y allí resulta lisiado de una pierna en un combate. De nuevo en Portugal se entrevista con el rey para solicitar un aumento de su sueldo, en consideración a sus servicios, lo que se le niega.[27] Decepcionado, se retira, pero permanece en suelo patrio durante un año más, frecuentando los barrios marineros y el archivo particular del rey,[28] y traba amistad con un personaje que será importante en su futuro: Rui Faleiro,[29] cartógrafo y astrónomo.

  Las Molucas, en el archipiélago indonesio, entre Nueva Guinea y Célebes, con Australia al Sur. Esas pequeñas islas fueron el objetivo de ambiciosas expediciones.

Desde tiempo atrás Magallanes se ha ido convenciendo de la existencia de un paso por poniente a las Molucas, cruzando el mar del Sur.[30] El tal paso se había buscado con denuedo sin conseguirlo. Expedición tras expedición se topaba con una pared de tierra y roca que parecía inacabable, tanto que algunos cartógrafos imaginaban las tierras americanas extendidas hasta el polo Sur. Pero Magallanes sabe que existe una comunicación entre ambos mares.[31] Solo es cuestión de conseguir una flota. Y Faleiro[29] lo apoya. El 20 de octubre de 1517 llega a Sevilla con la intención de ponerse al servicio de la corona española. Propone su plan[32] ante la Casa de Contratación, que sanciona Carlos I el 22 de marzo de 1518 en la oportuna Capitulación. Se inicia una de las páginas más brillantes y emocionantes[33] de la historia de las exploraciones marítimas.

El rey Manuel, sabedor de lo que se prepara, trata de sabotear el viaje desde el primer momento. Portugal, que ha conquistado Malaca, ve peligrar el último y definitivo objetivo: las Molucas. Envía a su embajador Álvaro de Costa con instrucciones muy concretas al efecto. Pero ambos monarcas tienen mucho cuidado en salvar las apariencias, porque por aquellas fechas Manuel I iba a casarse con Leonor de Austria, hermana del rey español.[34] Los intentos de Costa por emponzoñar la situación dieron con un Magallanes roqueño, y un Carlos I decidido a tomar la delantera en la empresa de La Especiería. Fue en vano.

  «La Armada de Magallanes»

  Réplica de la nao Victoria, única de la Armada de Magallanes que regresó a España.

De acuerdo con las Capitulaciones la armada tendría dos capitanes generales, en pie de igualdad: Magallanes y Faleiro,[29] el astrónomo, quien se encargaría de la construcción de los instrumentos náuticos necesarios y, sobre todo, de la espinosa cuestión de la longitud.[1] Faleiro proponía tres formas de obtenerla: la latitud de la Luna, las conjunciones y oposiciones de Sol y Luna, y la declinación de la aguja magnética. Sin que esté claro el porqué, Faleiro es apartado de la expedición,[35] y sustituido por Andrés de San Martín como cosmógrafo, que se valdrá de la segunda proposición de aquel para determinar la posición en alta mar, con resultados satisfactorios para la época.

Apartado Faleiro, el mando de la flota recae únicamente en Magallanes, el capitán general. Sin embargo, al frente de la mayor de las naves, San Antonio, se pone a Juan de Cartagena, primo del obispo de Burgos, quien recibe además cédula de Veedor General y conjuncta persona -«adjunto»- del portugués, con el encargo de velar por la buena marcha general de la expedición y de cuidar que no haya negligencias. Semejante decisión, un tanto política, resulta envenenada, porque si bien Magallanes recibe todo el mando, Juan de Cartagena se ve con unas atribuciones de límites ambiguos e imprecisos. Ambos hombres se enfrentarán, y con consecuencias muy graves.

Se aparejó una flota de cinco naos[36] con una tripulación de 265 hombres: Trinidad -la capitana-, San Antonio, Concepción, Victoria y Santiago. Desplazaban entre 144 toneladas -San Antonio- y 90 toneladas -Santiago. Se dotaron adecuadamente con armas, útiles diversos, mercaderías para trueques, y bastimentos abundantes: bizcocho, vino, vinagre, pescado seco, tocino, habas, garbanzos, lentejas, harina, ajos, quesos, miel, almendras, anchoas, sardinas, pasas, ciruelas, higos, azúcar, membrillo, mostaza, alcaparras, arroz. Incluso se embarcaron seis vacas[37] para disponer de leche fresca, y como reserva de carne. El costo total[37] de la Armada de Magallanes ascendió a 8.751.125 maravedíes. Al amanecer del martes 20 de septiembre de 1519, Magallanes y sus hombres asisten a misa en Sanlúcar de Barrameda, e inmediatamente después parten.

  Primera parte del viaje. El motín

  Antonio Pigafetta, cronista de la expedición.

Navegando hacia sudoeste el 26 de septiembre hacen escala en Tenerife para abastecerse de agua, carne y leña. Permanecen en las Canarias hasta el amanecer del 3 de octubre, fecha en que zarpan a medianoche en dirección sur hasta las costas africanas de Sierra Leona. Juan de Cartagena se extraña de que no se enfile el sudoeste desde el primer momento, hacia Brasil, y pide explicaciones al capitán general. Parece ser que Magallanes no las da[38] y mantiene el rumbo apelando al mando. Aparentemente, el incidente no tiene consecuencias, pero después de catorce días sin vientos favorables el descontento de Cartagena va a más y niega el saludo protocolario al capitán general.[39] En un primer momento Magallanes, que sabía ser templado según las circunstancias, opta por comunicar a Cartagena que debe ser saludado debidamente, pero ello no es suficiente. En un cara a cara entre los dos hombres Cartagena se insubordina abiertamente y Magallanes no lo duda: lo destituye y ordena prenderlo. Luis de Mendoza se ofrece a responsabilizarse del capitán destituido, para evitar que un hidalgo español fuera al calabozo, a lo que Magallanes accede. Antonio de Coca es nombrado capitán del San Antonio. Este grave incidente va a tener peores consecuencias más adelante.

Tras cruzar el Atlántico tocan tierras brasileñas en el cabo de San Agustín,[40] a 23 grados y medio de latitud Sur,[41] donde se proveen de carnes, fruta, patatas, y traban contacto amistoso con diversas tribus. Son los últimos días placenteros y de solaz. Hay que seguir. Pasados los 34 grados creen haber llegado al paso, pero no, es Río de la Plata. Después de quince días de exploración en aquel inmenso estuario[42] continúan. Cada entrante, por pequeño que sea, se explora. El 24 de febrero avistan el golfo de San Matías,[43] más allá de los 40 grados, también de importantes dimensiones. Lo recorren metro a metro, y nueva desilusión. Siguen adelante. A los 49 grados dan con otra espaciosa bahía en la costa patagona. Es el 31 de marzo de 1520, festividad de San Julián, y así la bautizan.[44] Magallanes decide invernar allí.

  La primera vuelta al mundo. Por vez primera se accede a los mercados de Oriente navegando hacia Poniente.

Las dificultades del viaje, la cada vez mayor incertidumbre en el éxito de la expedición, y las inclemencias crecientes de un invierno que se avecina,[45] con borrascas de vientos gélidos cada vez más frecuentes, en medio de un paraje desolado, hacen que cunda el descontento. Los capitanes se quejan del silencio de Magallanes: «Ni tomaba consejo de sus oficiales ni les daba la derrota que habían de seguir».[37] Y por si fuera poco se ordena un racionamiento más estricto de los víveres. Consciente de lo malo de la situación, Magallanes dispone que el día siguiente de la llegada al Puerto San Julián, 1 de abril de 1520, Domingo de Ramos, se celebre una misa,[46] y después una comida. A la misa asiste parte de la tripulación, y el convite lo rechazan los capitanes Luis de Mendoza -Victoria-, Gaspar Quesada -Concepción-, y Antonio de Coca -San Antonio-. La situación se ha vuelto insostenible. Viendo lo que puede avecinarse, Magallanes sustituye a Coca por su primo Álvaro de Mesquita como comandante del San Antonio, la mayor de las naves, que no podía arriesgarse a perder.

Quesada, Coca y Cartagena toman la iniciativa durante la noche. Seguros de contar con partidarios en el San Antonio lo abordan en bote. Encaramados a cubierta, se dirigen al camarote de Mesquita, a quien reducen enseguida. Juan de Elorriaga, el Maestre, que presenta resistencia, es acuchillado por Quesada. Sin pérdida de tiempo los tripulantes portugueses son presos. Convidan a comida y vino a quienes no se oponen. La acción, rápida, resulta un éxito. Los amotinados pueden regresar a sus naves, dejando el San Antonio al mando de Juan Sebastián Elcano.[47] En el Trinidad no se sospecha nada, hasta la mañana siguiente en que Magallanes cae en la cuenta de que ha perdido tres navíos: Concepción, Victoria y San Antonio.

El capitán general percibe indecisión y debilidad en los amotinados, porque no han hecho exigencia alguna en las últimas horas, y urde un plan. Envía al Victoria a cinco hombres en un bote mandados por Gonzalo Gómez de Espinosa, alguacil del Trinidad, con una carta para Luis de Mendoza, quien no ve peligro en que los emisarios suban a bordo. Mientras la lee ante Espinosa es abatido, a la vez que otros sesenta hombres al mando de Duarte Barbosa suben a cubierta desde un segundo bote que pasó inadvertido.[48] Con el Victoria recuperado el motín fracasa.

  El Paso: «Canal de Todos los Santos»

  Estrecho de Magallanes. En su boca oriental, atlántica, el Cabo Vírgenes, y en la occidental, pacífica, el Cabo Deseado. En medio, 560 km de curso recortado y difícil escudriñados por Magallanes durante más de un mes.

Estando en la bahía San Julián el Santiago mandado por Joan Serrano[49] es enviado al Sur en solitario para reconocer las proximidades. Llega a la desembocadura del río de Santa Cruz, importante vía fluvial cuyas aguas son de origen glaciar.[50] Una tempestad hunde el Santiago. El 24 de agosto zarpan las cuatro naves restantes y dos días después se detiene en la desembocadura cartografiada por Serrano, donde permanecerá dos meses aguardando la llegada del verano. Magallanes no sabe que está a tiro de piedra del paso.

Por fin el 18 de octubre levan anclas y prosiguen hacia el Sur. Tres días después, festividad de Santa Úrsula y las Once mil Vírgenes, llegan a un cabo[51] y una bahía de aguas oscuras, encajonada entre riscos y montañas coronadas de hielo, aparentemente sin salida. Sin embargo, siguiendo la rutina de tantas otras ocasiones, Magallanes dispone que el San Antonio y Concepción se internen cuanto puedan, mientras el Trinidad y Victoria exploran el exterior. Esteban Gómez, capitán del San Antonio, se insubordina y sin que nadie lo sospeche regresa a España. La Armada Magallánica pierde la mayor de sus naves. Un temporal hace temer nuevos naufragios, pero esta vez la Concepción retorna con esperanzadoras noticias: en el canal las aguas son saladas y con mareas. No se trata de otro río. El día de Todos los Santos[52] las tres naves se internan en aquellas aguas. El curso es enrevesado con multitud de ramales, recodos y bahías, muchas sin salida. El avance es lento y peligroso. La navegación se complica aún más por un viento persistente, gélido, que obliga a extremar los cuidados para no estrellarse contra las rocas, o varar en un arenal. Llegan a la desembocadura de un río que llaman Río de las Sardinas, desde donde se adelanta un bote que tres días después retorna con la buena nueva: al pasar un último cabo, Cabo Deseado, de nuevo el mar.

La expedición no solamente consiguió su objetivo, al encontrar un paso por el sur de América y una ruta por el Océano Pacífico, sino que acabó siendo la primera expedición que, a su regreso, tres años más tarde y al mando de Juan Sebastián Elcano, había circunnavegado el globo.

  El declive del monopolio portugués

La exploración y la colonización portuguesas continuaron a pesar de la rivalidad con España. Los portugueses fueron los primeros occidentales que llegaron al Japón y establecieron comercio con él.[53] Bajo el reinado de Manuel I la corona portuguesa inició un ambicioso proyecto para poner bajo su dominio los territorios y rutas comerciales que habían sido declarados suyos. El plan consistía en construir una serie de fuertes que permitirían a Portugal controlar las principales rutas comerciales hacia Oriente. De esta forma, se establecieron fuertes y colonias en la Costa del Oro africana, Luanda, Mozambique, Zanzíbar, Mombasa, Socotra, Ormuz, Calcuta, Goa, Bombay, Malaca, Macao y Timor. Los portugueses también dominaban Brasil, cuya costa había sido explorada en 1500 por Pedro Álvares Cabral,[54] y que quedaba en parte en la zona portuguesa según el "reparto" del Tratado de Tordesillas de 1494.

Portugal encontró dificultades a la hora de extender su imperio tierra adentro, más allá de las regiones costeras, en las cuales hubo de concentrarse. El tiempo demostró que el país era demasiado pequeño como para sostener la dotación económica y de hombres que eran necesarias para una empresa tan colosal. Las fortalezas establecidas por todo el mundo enfrentaban una falta de hombres y de equipamientos crónica. No fue posible competir con naciones más potentes que poco a poco fueron irrumpiendo en los dominios portugueses. Sus días de cuasimonopolio comercial con Oriente estaban contados. La hegemonía portuguesa en Oriente fue quebrada por los exploradores holandeses, franceses e ingleses, que no tomaron en consideración el reparto del mundo hecho por el Papa. En 1580 el rey español Felipe II accedió también al trono portugués como heredero a la Corona tras el fallecimiento sin descendientes de su primo Sebastián (Felipe II era nieto de Manuel I de Portugal). La combinación de ambos imperios era demasiado enorme como para seguir incontestada y también como para hacer frente al desafío de responder.

Algunas posesiones portuguesas se perdieron o quedaron restringidas por las colonias holandesas y británicas vecinas, principalmente en África Occidental, Oriente Medio y el Lejano Oriente. Bombay fue entregada a los ingleses en calidad de regalo de bodas. Las colonias en las que la presencia de los portugueses fue real (Macao, Timor Oriental y Goa, Angola, Mozambique y Brasil) siguieron en manos portuguesas. Los holandeses llegaron a controlar casi la mitad de Brasil, siendo finalmente rechazados.[55]

  Competencia de las naciones noreuropeas

Los países no ibéricos no reconocieron el Tratado de Tordesillas. Los Países Bajos, contaban con una tradición marinera (tras su independencia de España), Francia, e Inglaterra y –pese a las prevenciones ibéricas– la nueva técnicas y los nuevos mapas acabaron llegando al norte.

La primera de estas expediciones fue la de Juan Caboto, un navegante italiano, que había navegado con los castellanos, financiado esta vez por Inglaterra. Sería la primera de una serie de misiones francesas y británicas que exploraron América del Norte. En gran parte, España había ignorado la parte norte del Continente Americano ya que, poblado por tribus nómadas y sin grandes imperios, era mucho más difícil de dominar que América Central. Los viajes de Caboto, Jacques Cartier y otros pretendían encontrar el Paso del Noroeste y, mediante él, tener acceso a las riquezas de Asia, no tuvieron éxito: jamás se descubrió dicho paso, pero las exploraciones revelaron otras posibilidades y a principios del siglo XVII empezaron a asentarse los primeros colonos del centro y el norte de Europa en la costa oriental de Norteamérica.

Fueron los países del norte los grandes rivales de los portugueses en África y en el Océano Índico. Los navíos holandeses, franceses e ingleses empezaron a competir con el monopolio portugués, fundando fuertes y colonias propias. Poco a poco aumentó el comercio de los países nórdicos sin que por eso disminuyese el comercio oceánico de portugueses y españoles. Los recién llegados llegaban a rodear sus dominios más valiosos (como con Hong Kong, frente a la colonia portuguesa de Macao). También les tomaron la delantera en la exploración de las últimas regiones desconocidas del Océano Pacífico y de la costa este de América del Norte, que eran parte de la "zona española" del reparto del Tordesillas. Exploradores holandeses como Willem Jansz y Abel Tasman exploraron las costas de Australia, mientras que en el siglo XVIII fue el marino británico James Cook quien cartografió gran parte de la Polinesia. También cabe destacar que en ese mismo siglo fue cuando el danés Vitus Bering exploró el estrecho que lleva su nombre.[56]

  Exploraciones británicas

  Bandera del Imperio Británico.

Cabe destacar que fue un inglés, Sir Francis Drake, quien dio la segunda vuelta al mundo, entre 1577 y 1580.[57] Otro famoso navegante inglés fue Henry Hudson (1565-1611), que exploró un río y una bahía que actualmente llevan su nombre.[58]

El marino británico James Cook (1728 - 1779) consiguió llevar a cabo tres viajes a través del Océano Pacífico, durante los cuales se cartografiaron con precisión grandes áreas, y muchas islas y costas fueron documentadas por primera vez en mapas europeos. Sus mayores éxitos fueron el ser el primer europeo que reclamó para el Imperio Británico la costa este de Australia, la llegada a Hawái y la circunnavegación y mapeo de Nueva Zelanda y Terranova.[59]

  Exploraciones francesas

  Cavelier de La Salle.

Un célebre explorador francés fue René Robert Cavelier de La Salle (1643 - 1687) el cual realizó incursiones en América del Norte, donde recorrió la región de los Grandes Lagos, después el río Misisipi, explorando los territorios situados entre la región de Quebec y la desembocadura del río Misisipi.[60]

La primera circunnavegación francesa la llevó a cabo Louis Antoine de Bougainville (1729 - 1811), quien además exploró las Islas Malvinas, Tahití, Samoa, las islas Salomón y las Nuevas Hébridas.[61]

Otro importante marino francés fue Jean-François de La Pérouse (1741 - 1788). Jean-François intentó continuar los trabajos de Bougainville y Cook en el Océano Pacífico. Exploró las Filipinas y Macao, y llegó al estrecho que lleva su nombre. Las últimas noticias suyas que llegaron a buen puerto procedieron de Nueva Holanda en 1788, y a partir de ahí desapareció sin dejar rastro. En 1826, se hallaron los restos de su expedición en Vanikovo, al norte de las Nuevas Hébridas.[62]

  Exploraciones neerlandesas

  Imagen de la Isla de Pascua.

El primer neerlandés que consiguió circunnavegar el mundo fue el pirata Oliverio van Noort (1558 - 1627).[63] En 1596, Willem Barents (1550-1597) llegó al archipiélago de Svalbard y dio nombre al Mar de Barents.[64] En 1616, los marinos Willem Schouten y Jacob Le Maire llegaron al Cabo de Hornos durante un viaje de exploración que realizaban a lo largo del Pacífico.[65]

Abel Janszoon Tasman (1603 - 1659) fue un navegante que exploró a Tasmania, Nueva Zelanda y los archipiélagos de Tonga y Fiji.[66] Otro famoso explorador neerlandés, Jacob Roggeveen (1659 - 1729), arribó a la Isla de Pascua y algunas islas del archipiélago de Samoa.[67]

  Efecto sobre Europa

  El Mundo según un mapa de 1627.

Los efectos de la Era de las exploraciones no tuvieron precedente. Durante milenios fue la economía del Mediterráneo la más vibrante del continente, para convertirse los mares del norte en el otro centro económico en la Edad Media, destacando la Hansa. Así regiones como Italia y Grecia habían sido las más ricas y poderosas, le siguieron los dominios árabes, y en 1441 con el descubrimiento de la ruta naval a Río de Oro con Enrique el Navegante, el nuevo centro económico pasó al Atlántico dominado por Portugal y España. A partir del siglo XIX la economía del Atlántico pasó a estar dominada por los estados de Europa septentrional como Francia, Inglaterra y Holanda, algunos de los cuales siguen siendo los más prósperos y potentes del continente.

La etapa de las exploraciones fue seguida por una revolución comercial en la que el comercio transoceánico se generalizó. Las ciudades estado italianas perdieron su monopolio del comercio con Oriente, mientras que en los países del norte los señores feudales fueron perdiendo su condición de clase más poderosa de la sociedad, siendo reemplazados por los comerciantes y mercaderes, como ya había ocurrido en la Europa del sur varios siglos antes. Con el tiempo, en Gran Bretaña, Francia y otros países, la burguesía llegaría a hacerse con el dominio total de la política y el gobierno.

  El final de las exploraciones

Se dice que la época de las exploraciones acabó a comienzos del siglo XVII. Para entonces los navíos europeos estaban lo suficientemente bien construidos y existía una marinería lo suficientemente capaz de navegar hacia cualquier lugar del planeta. Naturalmente, las exploraciones siguieron. Los mares árticos y antárticos no se exploraron hasta el siglo XIX. También la penetración europea hacia el interior de continentes como Norteamérica y África fue más lenta de lo que fue la colonización de sus costas.

  Véase también

  Notas y referencias

  1. a b Este asunto trajo de cabeza a los matemáticos y navegantes durante siglos, así como a los Imperios del momento. La cuestión de la longitud se convirtió en materia de Estado: la cada vez más frecuente. La navegación oceánica carecía de algo tan elemental como poder determinar con precisión una de las coordenadas de la posición de un buque en alta mar. Las consecuencias eran pérdidas de tiempo, de cargas, y, como no, naufragios frecuentes. No será sino hasta el siglo XVIII cuando el relojero inglés John Harrison resuelve el problema al construir un cronómetro eficaz. A partir de entonces cualquier nave conocía la hora del puerto de salida, en cualquier momento, de modo que comparándola con la hora de a bordo al culminar el Sol -mediodía-, u otro astro conocido, la longitud de la posición, el meridiano, se calculaba inmediatamente.
  2. También conocidos como bromas, los teredos son unos moluscos marinos que taladran la madera sumergida, excavando túneles en ella. Podían ser devastadores en las naves de entonces, destruyendo, literalmente, los cascos.
  3. El escorbuto se cebaba en las tripulaciones.
  4. «Gutenberg y la imprenta». Biografiasyvidas.com. Consultado el 21 de febrero de 2008.
  5. Conocidas ya por los antiguos egipcios, las especias llegaron a tener un valor comercial de primer orden. El empeño en lograrlas a buen precio puso en marcha algunas de las grandes expediciones de la Historia, siendo elemento esencial en la estrategia de las potencias de la época.
  6. a b «Europa del siglo XI al XV». Ministerio de Educación y Ciencia, Gobierno de España. Consultado el 12 de febrero de 2008.
  7. Fue Ferdinand von Richthofen, conocido también como el barón Von Richthofen, geógrafo alemán, quién bautizó a la ruta como Seidenstrasse o Ruta de la Seda, porque era la seda uno de los principales productos exportado por China. Desde luego, otros bienes circulaban por ella: vidrio, coral, marfil, ámbar, pieles, cerámica, jade, y muchos más, entre ellos las especias.
  8. Entre el mar Rojo y el golfo Pérsico está la península arábiga, dividida en varios países, de los que el más extenso es Arabia Saudí.
  9. Con más precisión, el mar de China Meridional, el que, con el mar de China Oriental, conforman el mar de China, en aguas del océano Pacífico.
  10. «Los Monzones». Consultado el 7 de febrero de 2008.
  11. «Vientos superficiales en el Hemisferio Norte». Consultado el 7 de febrero de 2008.
  12. Ciudad del norte de Siria, es Patrimonio de la Humanidad desde el año 1986
  13. «Comercio y rutas comerciales del Islam». Consultado el 12 de febrero de 2008.
  14. Samarcanda o Samarkanda se encuentra asimismo en Uzbekistán. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 2001.
  15. Considerada tradicionalmente como el extremo oriental de la Ruta de la Seda
  16. Boorstin, op. citada.
  17. Catay es el nombre que Marco Polo le dio a los territorios chinos conocidos por él.
  18. Kublai Khan, o Kublai Jan, nieto de Gengis Khan -Gengis Jan- estableció un Imperio mongol que abarcaba desde el Danubio, al Oeste, hasta el río Amarillo por el Este, entre Siberia al norte, y el golfo Pérsico al Sur.
  19. Joseph Pérez. «Isabel la Católica, África y América». Consultado el 12 de febrero de 2008.
  20. a b «Zheng He». Biografiasyvidas.com. Consultado el 13 de febrero de 2008.
  21. a b c «China Antigua». Discovery Channel. Consultado el 13 de febrero de 2008.
  22. «Colón o Zheng He: ¿Quién llegó primero a América?». Consultado el 13 de febrero de 2008.
  23. «El mapa de Zheng He, «descubridor» de América, ¿un cuento chino?». ABC. Consultado el 13 de febrero de 2008.
  24. «Santo Domingo, Fundacióon de la ciudad». Consultado el 20 de enero de 2012.
  25. La bola del mundo en manos del explorador es símbolo de su hazaña. En la realidad, Carlos I entregó a Juan Sebastián Elcano un globo terráqueo con la leyenda Primus circumdedisti me: «Fuiste el primero en rodearme».
  26. La conquista del puerto de Malaca por Afonso de Albuquerque aseguraba el dominio de la península de Malaca, de importancia estratégica primordial para controlar todo el tráfico marítimo del estrecho de Malaca, paso obligado entre las aguas del Pacífico -mar de China meridional- y del Índico.
  27. Este incidente pudo ser la gota que colmó el vaso de su desencanto.
  28. Dónde se custodiaban documentación y mapas secretos de las expediciones marítimas. Los reyes de la época habían impuesto una política de alto secreto respecto a esto, para que otras naciones no se adelantaran en la colonización de nuevos territorios.
  29. a b c Faleiro, que no llegó a participar en la expedición, es uno de los personajes más importantes de esta historia, por sus conocimientos de astronomía y navegación. Su apartamiento a última hora, es uno de los puntos oscuros que siguen sin resolver. Véase el enlace externo, en portugués → Instituto Camoes. Faleiro, Francisco e Rui
  30. Balboa bautizó así al océano Atlántico porque lo avistó desde Darién en Panamá, dónde el istmo está orientado de Este a Oeste, con el océano Atlántico al Norte, y el océano Pacífico al Sur
  31. Llama poderosamente la atención la seguridad de Magallanes en la existencia del paso. Éste es uno de los puntos oscuros de su biografía.
  32. Quede claro que la búsqueda del paso no es un plan original de Magallanes. Otros lo habían intentado antes, pero el navegante portugués es quién logra el éxito en la empresa.
  33. No hay exageración en esto. En la expedición de Magallanes sucedió todo lo bueno y malo que podía acaecerle a un gran navegante de la época: espionaje e intrigas de cortes reales, tempestades, naufragios, motines, grandes exploraciones, hambre, enfermedades y muerte de gran parte de la tripulación, e incluso el final trágico de su protagonista.
  34. Leonor de Austria era la hija primogénita de Felipe I de Castilla, el Hermoso, y Juana I de Castilla, la Loca. Fue, sucesivamente, archiduquesa de Austria, princesa de España, reina de Portugal -por su matrimonio con Manuel I-, y reina de Francia -por su matrimonio con Francisco I de Francia-.
  35. Al igual que su hermano Francisco, también encargado de construir instrumentos para la navegación. Pero parece que Faleiro dejó instrucciones muy concretas sobre cómo orientarse en alta mar.
  36. Buque de vela que, junto a la carraca, evolucionó transformándose en galeón.
  37. a b c Fernández de Navarrete, op. citada
  38. Efectivamente era extraño que no se hubiera aproado hacia Brasil desde las Canarias. No está claro el motivo que impulsó a Magallanes a decidir esto. Algunos lo interpretan como una maniobra para evitar posibles buques portugueses navegando en corso. No hay nada demostrado, pero es cierto que los manejos del embajador Álvaro de Costa hicieron de Magallanes un hombre más receloso de cuánto lo rodeaba.
  39. Diariamente, antes de oscurecer, cada nave debía aproximarse a la capitana para informar de novedades y recibir órdenes, teniendo que saludar a Magallanes con una fórmula protocolaria: «Dios vos salve, señor capitán general y maestre, e buena compañía».
  40. Así dice Pigafetta. El Cabo de San Agustín se ha venido identificando con el Cabo de Consolación, o Cabo de Santa María de la Consolación, donde pisó tierra brasileña Vicente Yáñez Pinzón el 26 de enero de 1500. Se mantiene una polémica respecto a esto.
  41. Francisco de Albo, contramaestre del Trinidad, comienza aquí su diario, aportando valiosa información técnica, astrónomica y de navegación.
  42. El Mar Dulce, de Juan Díaz de Solís. Lo forman la desembocadura de los ríos Paraná y Uruguay, de 219 km en su parte más ancha.
  43. En la Argentina, entre Punta Bermeja al Norte, y Punta Norte de la Península Valdés, al sur. Su boca mide 118 km.
  44. Véase el enlace externo → Puerto San Julián, sitio web oficial.
  45. Estamos en el hemisferio sur: ya comenzó el Otoño, mientras que en el norte se está en Primavera.
  46. La primera misa celebrada en tierra argentina.
  47. Enrolado inicialmente como Maestre del Concepción.
  48. En este episodio tan arriesgado, a la templanza y frialdad de Magallanes hay que añadir la audacia.
  49. Joa Serrao.
  50. El Santa Cruz es el desagüe de los lagos Viedma y Argentino, ambos de origen glaciar: el primero es alimentado por el glaciar homónimo, y el segundo por varios, entre otros el Perito Moreno y Upsala.
  51. Cabo Vírgenes.
  52. De ahí Canal de Todos los Santos, hoy Estrecho de Magallanes. Según Pigafetta, también lo llamaron Estrecho Patagónico.
  53. «Historia del Japón». Consultado el 13 de febrero de 2008.
  54. «Pedro Álvares Cabral». Biografiasyvidas.com. Consultado el 13 de febrero de 2008.
  55. «El siglo XVII». Junta de Castilla y León. Consultado el 13 de febrero de 2008.
  56. «Cronología. Período 1728-1730». Biografica.info. Consultado el 21 de febrero de 2008.
  57. «Sir Francis Drake». Biografiasyvidas.com. Consultado el 20 de febrero de 2008.
  58. «Henry Hudson». Sobrehistoria.com. Consultado el 20 de febrero de 2008.
  59. «James Cook». Viajeros.com. Consultado el 20 de febrero de 2008.
  60. «René Robert Cavelier de La Salle». Encarta. Consultado el 20 de febrero de 2008.
  61. «Louis Antoine de Bougainville». Biografiasyvidas.com. Consultado el 20 de febrero de 2008.
  62. «Jean-François de La Pérouse». Junta de Castilla y León. Consultado el 20 de febrero de 2008.
  63. «Oliverio van Noort». Consultado el 20 de febrero de 2008.
  64. «Abel Willem Barents». Biografiasyvidas.com. Consultado el 13 de marzo de 2008.
  65. «Un infierno llamado Cabo de Hornos». Elmundo.es. Consultado el 20 de febrero de 2008.
  66. «Abel Janszoon Tasman». Biografiasyvidas.com. Consultado el 21 de febrero de 2008.
  67. «Jacob Roggeveen». Biografiasyvidas.com. Consultado el 21 de febrero de 2008.

  Bibliografía

Otras fuentes de información:

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