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definición - sandra avila beltran

definición de sandra avila beltran (Wikipedia)

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Wikipedia

Sandra Ávila Beltrán

                   
Sandra Ávila Beltrán
Nacimiento 1960
Baja California
Nacionalidad Bandera de México México
Ocupación Lavado de Dinero
Cónyuge Juan Diego Espinoza Ramírez

Sandra Ávila Beltrán (nació en 1960 en Baja California) es una narcotraficante mexicana apodada "La Reina del Pacífico", llamada así por los medios de comunicación. En la actualidad enfrenta cargos por delincuencia organizada, lavado de dinero y conspiración para el tráfico de drogas.

Contenido

  Orígenes

Nació en una familia de contrabandistas del estado de Sinaloa. Su tío es Miguel Ángel Félix Gallardo, conocido como "el Padrino". Su Sociedad y su vida diaria era con varios capos de la droga muy conocidos en su juventud.

Se casó dos veces, sus dos maridos ironicamente comandantes de la policía antidrogas que llegaron a ser traficantes. Ambos fueron luego asesinados por asesinos a sueldo con el chuchillo por la espalda.[1] La policía atribuye su ascenso al poder en el mundo de la droga gracias a su gran porte , elegancia y belleza pero antes que nada a su gran inteligencia para los negocios a sus movimientos tranquilos , que son los de una reina de belleza , alo que en la imaginacion se podria pensar de una narcotraficante }}</ref> Ávila Beltrán vivió desapercibida en Guadalajara, Jalisco, y Hermosillo, Sonora, hasta que la policía encontró más de 9 toneladas de cocaína en un barco en el puerto Pacífico de Manzanillo, Colima. Ávila Beltrán fue detenida, junto con Espinoza Ramírez, el 28 de septiembre de 2007.

  Narcocorrido

Sandra tiene su narcocorrido de Los Tucanes de Tijuana, que rinde homenaje a ella como "una dama de alto nivel que es una parte clave del negocio."

Los Tigres del Norte en su disco titulado La granja le dedican un corrido llamado "Reina de reinas". la describen como una distinguida mujer que ha logrado humillar ala autoridad,

EL Komander En su corrido la Mafiosa , se le resalta como una mujer elegante y distiguida con su porte y sus finos gustos y con muchos valor , pero Mafiosa

  Aprehensión

En una videograbación durante su interrogatorio, se describe a sí misma como una ama de casa que gana un poco de dinero por la "venta de ropa, y de bienes raíces". Preguntado por qué había sido detenida, ella responde con indiferencia: "Por una orden de aprehensión con fines de extradición"[2]

Su vida tras las rejas en la cárcel de mujeres de Santa Martha Acatitla, en la capital de México, parece que no ha sido de su agrado ya que presentó una denuncia contra el Gobierno de la Ciudad de México ante la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, diciendo que en su celda había insectos que refirió como fauna nociva. También dijo que la prohibición de introducir alimentos de los restaurantes violaba sus derechos.

Captura de película

Desde las 10:15 de la mañana del viernes 28 de septiembre, Sandra Ávila había llegado al restaurante al sur del Distrito Federal.

Ahí se reunió con un hombre y una mujer con quienes desayunó y que le decían Daniela. “Eran dos personas ajenas a los negocios ilícitos”, cuentan los agentes.

Para llegar a ese lugar, la tijuanense salió sola de su casa. Como nunca lo hacía, iba sin los autos que la cuidaban en todo momento.

En ocasiones usaba una camioneta BMW. También un auto de la misma marca, o alguno de los dos Mercedes Benz. Muy ocasionalmente utilizaba el Mondeo.

Cuando ella salía en alguno de los carros, dos o tres personas la seguían en otro. “Eran sus muros”, describen los investigadores.

“Era una mujer que se cuidaba mucho. Casi nunca se bajaba de sus autos. Cambiaba mucho sus rutas. Cuando llegaba a casa daba dos o tres vueltas por otras calles. A veces se frenaba en pleno Periférico sin motivo alguno… todo para estar segura de que nadie la seguía”.

Pero ese día fue diferente. En su camioneta BMW negra salió rumbo al Vips. Sin dar vueltas innecesarias. Sin sus “muros”. Sin armas.

Y al llegar al lugar se sentó en un gabinete del restaurante. Junto a una ventana.

En las manos sólo llevaba su bolsa. Dentro de ella dos tarjetas de crédito HSBC, tres teléfonos celulares, unas gotas para los ojos y un juego de llaves.

Tres agentes entraron al restaurante como si fueran clientes. Dos se sentaron a una mesa y otro más hizo lo mismo a unos metros de ella.

Ella nunca los reconoció. Vestían de traje, tomaban café. “Creí que eran abogados, licenciados, cualquier cosa. Nunca que fueran federales”, confesaría después.

A través del cristal otros agentes la vigilaban desde afuera. Unos se escondieron en las cajuelas de sus autos. Otro más logró tomarle una foto a lo lejos.

“Logramos obtener un retrato en ese instante. Y lo enviamos a nuestra central. Ahí nuestro mando revisó la imagen, la comparó con los archivos y en unos minutos nos dio la orden: Es ella; adelante con la detención”.

Sandra Ávila estuvo horas en el restaurante. Pagó la cuenta y todavía platicó con sus acompañantes durante 35 minutos en la entrada.

El tiempo era desesperante para los agentes. El miedo a que los descubriera los invadía.

Aunque había agentes apostados en algunas calles cercanas, todo podía suceder con una mujer “tan querida por los grandes narcotraficantes”, como la describen los investigadores.

Pero al final salió del restaurante sin llamar a nadie. Caminó hacia su camioneta y subió a ella. Estaba por encender el motor cuando escuchó una voz afuera de la ventana: “Policía federal, baje de la unidad”.

Los pequeños ojos de la tijuanense se abrieron más de lo normal. “Quizá pensó que la íbamos a secuestrar. O que éramos de algún grupo rival”, platican sus captores.

Con la voz un poco nerviosa ella les dijo:

—No es cierto. Ustedes no son federales, vienen de otro lado. —Somos policía federal. ¿Cómo se llama? —No, no es cierto. Ustedes vienen de otro lado. Yo soy Sandra… Sandra Ávila Beltrán… La mujer ya no habló más.

Los agentes la subieron a uno de los automóviles de la policía. Le pidieron el boleto del estacionamiento y ella se los dio para pagarlo.

Luego de entregar 28 pesos en la caseta del estacionamiento, todos salieron de ahí. La señora iba sentada en el asiento trasero de una de las unidades.

“Ni siquiera me mostraron sus identificaciones. Ninguna orden, nada…” fue lo primero que dijo La Reina del Pacífico cuando la llevaban ya rumbo a la Procuraduría General de la República (PGR).

  Referencias

   
               

 

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